martes, 19 de junio de 2012

El síndrome del ombligo



Dicen que el puertorriqueño padece de vivir mirándose el ombligo. Pero me pregunto qué tan interesante puede ser pasarse la vida entera observando un huequito estrujao’, feo y apestoso entre medio de los chichos, perdón, de los abdominales.


El ombligo es como una parte del cuerpo que parece no tener sentido cuando ya se es adulto, sin importar que esa haya sido la entrada principal de nuestro alimento los primeros 9 meses de vida. Así somos, malagradecidos. Es que el ombligo es como un roto antiestético en el medio del abdomen, y para otros un chichoncito protuberante. Se ensucia, toma mal olor, te crea un salvavidas carnoso indeseable y no sirve para guardar nada, cual si fuera un bolsillo de verdad.

¿Entonces, para qué coño el boricua se lo mira tanto?

De acuerdo con la prestigiosa y todopoderosa enciclopedia digital Wikipedia, el ombligo es realmente una cicatriz. Es el residuo de un canto ‘e piel que se secó y se nos cayó una o dos semanas después de nacer, that’s it.

Además, se desprende de la joya intelectual wikipidense que incluso este tema del ombligo creó un tremendo “issue” con los religiosos pues no estaban seguros si Adán y Eva debían ser representados con ombligos. Si es que a ellos nadie los parió, ¿qué cordón se les secó? ¿De quién? Realmente no tienen ninguna razón y/o derecho de poseer este hueco arrugado. That’s the rule: if you didn’t grow in a womb, there aint no crack in yo' belly.

Este ceñido huequillo también ha sido punto de debate en el tema del tabú y la sensualidad, específicamente como estímulo visual erótico. Al parecer, todo lo que parezca un roto es un tabú excitante en nuestra cultura anyways.

Pero es que esa no puede ser la razón por la que los boricuas nos pasamos mirándonos el ombligo. Quiero decir, este país tiene una gran tasa de obesidad y hay quienes padecen de una falta de cuidado físico. Entonces, sin ánimo de ofender, ¿alguien se ha dado una vueltita por el Paseo de Diego o Plaza las Américas últimamente? De cada 10 personas que pasan, ¿de cuántas realmente le estimularía eróticamente verles el ombligo? I didn’t think so.

¡¿Entonces qué carajo nos miramos?! Un gringo trató de explicar en uno de esos blogs existenciales que la frase “mirarse el ombligo” era como decir que se es “self centered”, o sea egocéntrico. ¡Ahhhhh! Ahora si me hace sentido, porque mira que aquí se vive preocupado por cada pendejá como si fuera el fin del mundo.  Una isla tan chiquita y tanta gente prepotente, claro que nos piensan egocéntricos.

Pero si es que esta es la “linda isla” que buscaba Colón. O sea, somos “la hija del Mar y el Sol” ¡Hello! Lo dice nuestro himno, ¿cómo no mirarse el ombligo?, ¡si es como que… hermoso!


Ujum, nuestra Isla es, de hecho hermosa. Es nuestra patria, la tierra que nos vio nacer. Ante mis ojos, la mas chula de todas las antillas. Pero también es solo un pedacito 100 x 35 (los científicos que me vengan con el dato de que si es un pie más o menos: whatever).

Hay un mundo más allá de estas costas y es necesario explorarlo, probarlo, investigarlo, abrazarlo; para luego regresar y cuando nos miremos el ombligo veamos más que un roto emburujao’, sino que veamos lo que representa y su potencial.

Los estudios señalan que el lado más desarrollado y estudiado del cerebro es el izquierdo, pero éste solo puede concentrarse en los detalles, en el micro (como mirarse el ombligo). La otra parte del cerebro, la derecha, la menos estudiada, es la que nos permite alejar la mirada y observar el macro para buscar soluciones, ideas, epifanías. He ahí, creo, la clave para dejar de ser La Isla del Espanto y reclamar nuestro título como la Isla del Encanto.

Dijo el periodista Benjamín Torres Gotay en un escrito del El Nuevo Día hace unos días que “los miles de jóvenes que dejaron pestañas, horas de sueño y libras para obtener en estos días sus diplomas universitarios, salen a un país que no está preparado para recibirlos.” Entonces culminó con que la solución para esta generación de profesionales desempleados es irse del país; “la fuga de cerebros, pero que también es fuga de voluntades, de almas, de corazones, de anhelos y de esperanzas”.

Ojalá en esa partida forzada por las circunstancias terribles por las que atraviesa la hija del Mar y el Sol sea un levantamiento de cuello, a lo jalón de quiropráctico, que les obligue a mirarse más allá del ombligo y aprender de un mundo que ruge, llora, grita y celebra tantas otras cosas más allá de las fronteras del abdomen antillano.


Mi esperanza es que estas crisis que estamos atravesando como colectivo, como país, nos mueva a poner en función el lado derecho de la masa grasosa dentro de nuestros cráneos y que comencemos a tener epifanías para lograr un mejor Puerto Rico, a lo anuncio de servicio público.

Así sea que haya que legislar los ejercicios cerebrales esos que vienen en los juegos de video y que se encuentran en el Internet por montones, como mandatorios en la escuela. Peores proyectos de ley ha creado Evelyn Vázquez y sigue siendo senadora así que ninguna idea puede ser descartada a este punto.

De modo que cuando regresen los de la fuga, si es que deciden regresar, y reaccionen los que se quedan, si es que deciden reaccionar, nos atrevamos todos a asegurar con fuerza y convicción que hay vida más allá del roto en la panza y es nuestra para reclamarla. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario