domingo, 17 de junio de 2012

Limbers pal calor

Me levanté el sábado pasado, un sábado cualquiera de junio, "encharcá" en un pegajoso sudor de verano. Abrí los ojos y no podía creer que aún con aire estaba "entripá".

Llevaba dos días encamada con una gripe dominicana que me traje de la hermana república el fin de semana pasado y el tan solo pensar en salir de la puerta de mi habitación me debilitaba las rodillas. Entre la fiebre y el "achú achú" me pasé agonizando 48 horas hasta despertar esa mañana sabatina en Hato Rey's Inferno. 

En mi angustia comencé a delirar con unos trocitos de hielo, con piraguas, con helados y.... LIMBERS!  Me levanté de mi cómodo pero hirviente nido, me emburujé las greñas en un moño, me tiré por encima una batita cualquiera, unas chanclas, me guindé la cartera y me fui pal "market" con Ramón (mi Ipad) abierto en recetas boricuas para limbers.

Me bajé del carro con una misión muy clara: coger el carrito, llenarlo de los ingredientes, y arrancar pa' casa a enfriar rápido las frías golosinas. Enfocada, emprendí camino por el "palkin" con los ojos fijos en el único carrito de compras que quedaba. Mientras marchaba con una música triunfal en mi cabeza a punto de agarrarlo, una doñita acabada de bajar de un vehículo me gritó "¿oye mija me puedes traer un carrito pa' no tener que sacar el andador del baúl?" 

La música en mi cabeza paró. "Puñeta", pensé y le traje a la doñi el ventiúnico carrito cojo y esbielao' que quedaba. "Diantre pero éste está esbaratao'", me dijo. "Bueno señora, mejor ese que nada", le respondí y caminé hacia las canastas de compras. En mis malabares para seguir la receta en el Ipad, agrarrar los ingredientes, hacer maromas con la cartera y la pesada canasta, vi a la doñita del carrito pasar con uno nuevo que consiguió ella solita. Sabrá Dios dónde habrá dejado mi carrito esbielao'. 

Llegué a la caja con mis ingredientes y unas cositas que necesitaba para la casa. "$77.35", murmuró la cajera. "¿Coño, pero qué carajo yo compré?", pensé mientras miraba las tres tristes bolsitas plásticas de mi compra. 

Llegué a casa, desesperada saqué todos los ingredientes sobre el "counter", posicioné a Ramón con las recetas cerca y me dispuse a buscar un abrelatas. ¿Porqué será que cuando más uno necesita un puñetero abrelatas nunca lo encuentras? Viendo borroso ya por el sudor que me comenzaba a bajar por la frente, agarré un cuhcillo y "juacata, juacata", a lo jíbara de Cayey le zampé pal de rotos a las latas y "muerto el pollo". 



No sé si era el mareo producto del sofocón, y las gotas saladas que se me entremetían en los ojos, pero me sentía yo en un transe de Marta Stuart y sin darme cuenta en menos de una hora llené mi "frizer" de 60 vasitos plásticos: guayaba, coco, crema, tamarindo, parcha, acerola y guanábana. "Mierda, voy a estar comiendo limbers hasta agosto", me dije.


Y como no me cabían todos los limbers, aún cuando acuartelé toda mi comida en una sola tablilla, tuve un "flashback" de la tiendita de limbers cerca de mi escuela elemental. Pronto, agarré un cartón y a cojones le hice un segundo piso a mi "frizer" pa los limbers de acerola que se me quedaban fuera. 


En las recetas de internet decía que solo debía esperar 2 horas para que los limbers estuvieran listos. Así que me puse a hacer otras cosas para distraer la mente de las ganas cabronas que tenía de pasarle la lengua a los 60 vasitos todos a la vez. 


Siete horas y 15 revisadas al "frizer" más tarde, finalmente se sentían algunos vasitos ya congelados. "O mi 'frizer' está también en huelga por el calor o el que escribió esta receta en internet tiene un Kenmore de Sears con garantía de por vida que te friza hasta los pensamientos en 30 segundos", pensé. 


Pronto, agarré uno de coco pues como fueron los primeros que hice eran los más congelados que estaban. Igual que cuando era niña, apreté el vaso, levanté el canto 'e limber y lo puse al revés. Mmmmmmmm......

Justo cuando empezaba a saborear el tan esperado limber con el que alucinaba desde que me levanté pegajosa en la mañana, mi perra dio un salto histórico (impulsada, estoy segura, por el calor triple que debe tener con tanto pelaje) y le jampió un "ñaqui", dos, tres, en fin, se quedó con mi limber entero. 


Abatida ya por ese día tan cabrón, por no sentarle mejor palabra, no cogí lucha con ella y me rendí revolucionariamente. Me eché en la cama como morsa "tumbá" por el sol y al otro día probé el de acerola. 

Así que me quedan 58 vasitos plásticos para el resto del verano. O si no quiero terminar en agosto como Shamú y rodar por las escaleras para ir a trabajar, los tendré que vender a peseta, a ver si saco por lo menos el sales tax de los $77.35 que gasté.... yeah, right!

miércoles, 13 de junio de 2012

¿Que es la que con los "likes"?

Comienzo mi primera entrada formal de este experimento con una inquietud muy banal pero que me provoca una piquiña inexplicable en la cabeza: ¿qué es la que hay con los "likes" en Facebook?

Es normal para los "feisbukianos" el leer algo de sus amigos y darles un "like" porque les gusta lo que leyeron. ¿Quién no lo ha hecho? Pero me pregunto cuál es la obsesión con ese viril pulgarcito arriba, casi como si nos llenara de estima el que a otros le guste lo que digo o hago. Y es que hay quienes piden, ruegan e imploran a sus amigos a que le den "like" a tal o más cual cosa que hicieron o dejaron de hacer. 

He visto cosas como: "Si le dan 10 like a este estatus digo quién me gusta", "dale like a esta foto para que veas lo que pasa", "Dale like si crees en Dios"; y por ahí de lo sublime a lo profano, sin olvidar a lo obsesivo. Porque también he visto de esos que piensan que mientras más publiquen la petición de un "like", más pulgarcitos arriba conseguirán cuando realmente lo que provocan es un deseo incontrolable de darles una manda' a meterse el pulgarcito por los recovecos más estrechos del cuerpo.

Señores, "con paciencia y con vaselina", que uno puede llevar el caballo al río pero si no quiere beber agua no habrá quien lo obligue. Para todas las conductas hay un "detente" y el uso descontrolado y desmedido de pedir un "like" no es la excepción.

Pero como profeta, también pecadora. Yo misma me he visto mendigando pulagrcitos para mis páginas y mis eventos. Para fines comerciales los "likes" son un "palo" porque mantienes seguimiento de cuanta gente te está siguiendo. Hasta las super mega cadenas y comercios ya le tienen un "like us on facebook" en sus promociones. Pero si se va a pedir un "like" se debería tener algo para "laikear", no es pedirlo por gusto, por sentir que se coleccionan pulgares para probar popularidad. 

Este pulgarcito casi disfrazado como si llevara guante blanco a modo de servidumbre, es más que todo eso. Este dedito nos ha empoderardo con una opinión. El problema es que nos limita a opinar de forma monógama. "Feisbuk" olvidó empoderarnos con la diversidad de opiniones. Pero algo es algo, es el reflejo de una época donde cualquier hijo de vecino tiene algo que decir sobre que sé yo qué disparate.

Por mi parte, cada vez que alcanzo una decena mayor de "likes" en lo que sea que publique me siento invencible, poderosa, escuchada, recompensada con una lluvia de pulgarcitos, de personas que reconocen que estoy ahí y eso me hace feliz.

¿Será felicidad de tener una evidencia de vida al otro lado, de una reacción por parte de esas caras que conviven en el monitor que entonces tienen un pulgar para contestarte; felicidad de una retroalimentación?

¿Será que ese pulgarcito ha sustituido el calor que brinda una sonrisa de apoyo o una palmada en la espalda de un verdadero amigo presente en carne y hueso a tu lado; de unos aplausos, o de un "dia'lo que brutal esta eso mi hermano" de boca de un vecino?

En antaño un pulgar arriba de parte de un rey significaba no morir echado a los leones o alguna otra muerte dolorosa, ese pulgar arriba era sinónimo de seguir viviendo. De a poco, ese pulgar de parte de cualquiera de nosotros se convirtió en una señal de aprobación, un "todo está bien". Y ahora, el pulgar digital es una seguridad de que no sé está solo, que hay vida a todas horas en el Internet and somebody "likes" it. Así que a seguir viviendo.




Lentes


Recuerdo la frustración que sentí cuando niña al conocer que necesitaría lentes para ver mejor. No podía entender porqué mis ojos no me eran suficientes y cómo era posible que un pedazo de cristal como intervención entre el mundo y yo pudiera ser una solución.


Con el tiempo aprendí que siempre necesitaremos lentes para ver mejor la vida. Algunas veces esos lentes son los errores que cometemos, las personas que amamos o los logros que coleccionamos.

Este blog lo comienzo como una maroma, un deseo de "taipear" mis pensamientos, una especie de lente para ver y tratar de entender este loco mundo en el que vivimos.

Al parecer, en estos tiempos todo el mundo quiere dejar un legado escrito en la web. Pero yo solo quiero escuchar mi voz en las letras y el que quiera pegar la oreja que lo haga, esa es la belleza de la Internet. Se dice que mirando la vida desde otro punto de vista se ha de entender mejor. Pues he aquí mi intento, uno para racionalizar la vida en general con sus incoherencias, y sus grandezas.

Vamo' a ver como va esto...