viernes, 24 de junio de 2016

Crónica: "Pies para que los quiero..."



“Pies para qué los quiero”… para caminar hacia el futuro:
Crónica de un día con niños que necesitan “alas para volar”
Por Viviana Torres Mestey


Estoy sentada mirando en el celular las fotos de una charla que ofrecí en una escuela este verano. En una de ellas, abrazo a una niña que sonríe y me sujeta muy fuerte. Sus ojos color café miran fijamente a la cámara, apoya su cabeza en mi hombro y sonríe. No sé cuántas veces al día realmente sonreirá de la manera que lo hizo conmigo. No puedo publicar su foto. ¿Por qué? Es una niña maltratada, con padres drogadictos y removida de su hogar por el Departamento de la Familia. Ahora vive con sus abuelos, pero ¿realmente será feliz en esta corta y dura vida que le ha tocado vivir?

Esa chica que me abraza en la foto es parte de un grupo de niños con situaciones difíciles y extremas que forman parte de un programa de verano de tutorías. Su maestra me vio en televisión hace unas semanas y me contactó por el maravilloso mundo de Facebook para preguntarme si podía visitarlos y hablarles de la importancia de estudiar para lograr sus metas. Dije que sí, sin saber cuánto me tocaría esta experiencia en mi vida y mi corazón.

Al teléfono, le pregunté las edades y tipo de estudiantes que eran para poder preparar la charla. “Pues, son niños maltratados, que han sido violados, sodomizados, autistas, casos de acoso, padres drogadictos, que sus tutores son abuelos muy mayores que no pueden criarlos bien, muchos no saben leer, algunos han sufrido tanto que tartamudean, con padres irresponsables y tienen problemas de autoestima. Tengo niños desde los 4 años. Pero es para que le hables a los más grandecitos, los de 8 años hasta 13 años, más o menos”. Creo que quedé muda unos segundos. Violación, maltrato, acoso… desde los 4 años. Aún aturdida dije que sí a la invitación y separamos la fecha.

Llegué a la escuela el día acordado y estaba desierta, todas las puertas y portones cerrados, nadie en los pasillos, cero risas ni voces de niños. Continué caminando y llamé a la maestra a su celular. Al fondo del pasillo escuché la voz de ella que dijo “shhhhh que Viviana me está llamando”. Abrió la puerta de uno de los salones que parecía cerrado y todos los niños gritaron a la vez “¡Hola Viviana!”. Me sorprendí, no pensé que me estaban esperando con tantas ansias.

Y es que ver a alguien de “afuera” que los visite les provoca una gran alegría. Como la identidad de los niños debe ser protegida, entiéndase que no pueden salir en fotos ni ser vistos en público, pues no pueden salir de gira ni pasear. Están destinados a quedarse en el salón, esperando que los visite alguien para hacer algo diferente. Pero el proyecto “no tiene dinero” para traer recursos externos. Apenas cuentan con dos o tres maestros y los voluntarios que quieran ayudar con algunas charlas y talleres… como me tocó a mi. La maestra me dice que tocó muchas puertas para buscar recursos que le fueran a leer cuentos a los niños; sacerdotes, periodistas, figuras públicas. Y ninguno podía porque cobraban por la visita o no tenían tiempo.

Tiempo… ¡la importancia de sacar tiempo! Bueno, pasaron el grupo al pasillo mientras yo montaba la computadora y el proyector. Me dejaron dos ayudantes como de 7 u 8 años cada uno. No sé sus historias exactamente. Quizás golpeados, quizás abandonados… no me atreví a preguntarles. Luego, hablando con la maestra me enteré que son de padres alcohólicos, con hogares bien violentos y sus madres maltratadas. “Misi, ¿borramos la pizarra?”. “Sí, vamos a ver unos videos proyectados ahí”, contesté. Se movieron rápido, me trajeron sillas, extensiones eléctricas, me ayudaron con el proyector y me dijeron cuál marcador de la pizarra servía por si quería escribir algo.

Mandé a buscar con ellos al resto del grupo. Antes que llegaran, el más grande de todos, quizás de 13 años, entró con una bolsita de regalo. “Misi, esto es para usted. Por venir a hablar con nosotros y porque la queremos mucho”. A mi… me quieren mucho... a mi. No les había hablado aún, y ya me querían. La maestra luego me dijo que ese niño en particular viene de un hogar con una madre irresponsable que no le importa ni él ni su hermana. Obviamente, busca amor. Y a mi… ya me quería.

Tragué profundo y le di las gracias al chico por el regalo. Otra niña entró y extendió sus manos abiertas con un grupito de florecitas de una planta de Cruz de Marta que había en el patio. “Toma misi, para ti”. “¿Para mi? ¡Gracias! Las voy a guardar porque son especiales”, le dije. ¿Cómo iba a aguantar una charla de una hora sin llorar? Esa era la pregunta en mi cabeza.

Llegó el resto del grupo. Les hablé de la compañía de teatro, les mostré un video y fotos de las obras que hemos hecho, de los países que hemos visitado, y le enseñé mis trabajos fotográficos. Le dije que llegar al éxito no es fácil, que hay que trabajar duro para lograr los sueños e intenté sutilmente de incitarlos a que expresaran sus sentimientos a través del arte y de la fotografía (aunque de inmediato me cuestioné si esos niños tan siquiera tenían una cámara o un celular.)

Así mismo, creo que cometí otros errores que rápido traté de corregir. Por ejemplo, mencioné la importancia de la familia, y luego recordaba que muchos ya no viven con sus padres porque les hacían daño. Ahí cambié de tema rápido, pero sé que divagué en ocasiones buscando las palabras correctas para hablarle a esos niños que tanto han sufrido, pero sin ofenderlos ni levantar pasiones. Entonces les hablé del “bullying”. Todos reaccionaron. Eso sí sabían que era.

La maestra me comentó más tarde que allí había víctimas de “bullying” y también había “bullies”. En especial una niña que me señaló discretamente. Pero esa niña, según me contó en confidencia, fue violada en repetidas ocasiones por su padrastro y su mamá tenía conocimiento. No obstante, como no quería perder a su pareja, no hizo nada. Además, vive en un barrio donde su familia no puede pasar de cierto punto porque están amenazados de muerte y si los ven, los matan. ¡Claro que la niña es “bully”! ¡¿Qué más podría ser con todo el coraje que debe llevar por dentro?! Nuevamente, tragué profundo.

Continué la charla preguntándoles que querían ser cuando grandes. Tuve que acercarme a cada uno que hablaba porque ninguno se atrevió a subir la voz. Con miedo, me contestaban susurrando casi. Me dijeron que querían ser dentistas, veterinarios, doctores, policías, bomberos, artistas, dueños de pizzerías… y una chiquita, desgreñada y con carita tímida, casi en secreto me dijo “yo quiero ser como tú”. 

Aguanté las lágrimas, no podía llorar allí. Estoy segura de que ellos no entenderían porqué. 

Más tarde esa noche estuve hablando con una amiga que trabaja en el sistema, en la parte de coordinar los hogares de crianzas y manejar los casos de niños removidos, y me dijo: “lo que pasa es que tú fuiste con amor y eso es lo que hace falta. Es lo que no conocen y lo que no les va a dar nadie… Esto es un trabajo bien duro y frustrante. Son muy pocos empleados y el trabajo es abrumador. Hay mucha gente quemada que perdió la ilusión.”

El otro problema, según coincidieron tanto la maestra como mi amiga, es que los remueven muchas veces a hogares donde igual los maltratan y los tienen sólo por recibir la pensión que les da el Gobierno. Entonces, esas familias cogen a 4 y 5 niños a la vez, cobran por ellos y no los atienden.

El caso es que terminé la charla y otra niña se me acercó con una libretita pequeña color rosada y me preguntó, “¿me podrías dar tu autógrafo? Llevo rato por preguntarte pero no me atrevía”. “Por supuesto”, contesté. De momento, el grupo entero le pidió a la niña papel de su libreta y todos se me lanzaron arriba pidiendo mi autógrafo con las páginas rotas y arrugadas; y otros con cualquier papel en blanco que consiguieron en el salón. Les escribí a todos mi firma, y debajo añadí “Nunca dejes de soñar”, seguido de una carita feliz =)

“Misi pero yo quiero una foto con usted”, pedían. “Es que no se puede”, contestó la maestra. Y entonces sugerí: “bueno, vamos a venir al centro y todos vamos a poner nuestros pies juntos en un círculo. Porque son nuestros pies los que nos van a llevar por el camino de la vida y con los que vamos a caminar hacia nuestras metas y sueños. Son nuestros pies los que nos van a mantener como los árboles, sin importar las cosas que nos pasen. Seguiremos siempre en pie.” Todos se juntaron y tomamos una foto de nuestros pies. Mientras escribo esto reviso la foto. Veo sus piececitos y pienso… ojalá esos pies los lleven de verdad a ser doctores, dentistas, policías y bomberos. Que esos pies los lleven caminando lejos de sus maltratantes y violadores. Que esos pies los mantengan firmes y no caigan en drogas ni delincuencia.

Me viene Rubén Blades a la mente “Si yo he vivido parao, ¡ay! que me entierren parao... La vida me ha restregao, pero jamás me ha planchao, en la buena y en la mala voy con los dientes pelaos. Sonriendo y de pie, siempre parao. Las desgracias hacen fuerte al sentimiento, se asimila cada golpe que he aguantao’…”

Ay Rubén, esto cae como anillo al dedo. Bueno, pues la maestra, para complacerlos, les permitió una foto de grupo conmigo. Pero todos ellos de espalda señalándome mientras yo miraba a cámara. Esos deditos apuntándome me hicieron sentir responsable. Responsable de decir algo, de escribir lo que hoy escribo. Nos tomamos la foto. Y aunque en cámara sólo se ven sus espaldas, yo, que los tenía de frente, les puedo decir que estaban sonriendo.

Le contaba a mi amiga en la noche de esa responsabilidad que sentí. Y me contestó que “es un panorama muy complejo. Lo mejor que se puede hacer para cambiar el mundo es usar el modelaje y enseñarle a la gente que sí, es tu responsabilidad, es responsabilidad de todos nosotros. Hace falta que la gente se involucre, aunque sea un chispito.” Y hablando un rato concluimos: ¿cómo? Dona tiempo, dona libros, ofrece espacios para que grupos den talleres, ayuda a conseguir equipos y materiales. Como dice mi amiga, “haz lo que sabes hacer”. La más mínima tontería, ayuda. Incluso la maestra tuvo la idea de que se les podía hacer una mochilita para fin del curso de verano, que incluyera un libro, una muda de ropa y unas cuantas cosas más. Pero no, para eso no hay dinero. Y se fueron sin su mochilita.

Es frustrante, la verdad. Volviendo a la charla, al terminar los niños me pidieron el número de la compañía, ¡quieren hacer teatro! Les dije que tendremos audiciones en agosto para una competencia de monólogos, y que si llamaban y decían el nombre de la escuela del campamento les daríamos una beca. Sí, los becaré a todos si llaman. Pero muy dentro de mi pensé que quienes deben llamar y llevarlos a la audición son sus padres y encargados. Esos niños apenas van peinados, bien vestidos y arreglados a clase. Esos padres o encargados no van a llamar, pensé. Y sentí un dolor profundo. Aún así les di el teléfono y toda nuestra información de contacto.

Me despidieron efusivamente y se dispusieron a merendar. Me quedé unos minutos hablando con la maestra. “Misi, tengo hambre”, dijo una niña con el cabello agarrado en dos rabitos. “Toma de mis galletas”, le contestó otra. “Es que los mandan sin meriendas”, me explicó la maestra. “Y a nosotros no nos dan presupuesto para traerles nada. A penas llega el almuerzo, a veces tarde y lo que haya”, me contó. El viernes pasado los propios maestros hicieron una colecta y les compraron pizza. Muchos nunca habían comido pizza, ni han ido al cine, ni saben lo que es Chilli’s, ni jamás han sentido la arena de la playa bajo sus pies. Viven en el anonimato, con miedo a que les vuelvan a hacer daño.

Cuando esa maestra en particular recibió la llamada para que trabajara en ese proyecto le dijeron: “Pues, son nenes que están colgao’s en sus materias y es para repasar con ellos y ya”. Y ya… No le dieron libros, papel, crayolas, pinturas, NADA. Tuvo la maestra que ir al salón donde regularmente da clases en el semestre y traer de sus propios materiales para poderles hacer actividades entretenidas a los niños. Y no sólo le ha tocado este tipo de población en el campamento, me cuenta que en sus grupos regulares tuvo hasta un niño que su papá está preso y su mamá lo vendió por drogas. Droga, el precio de un niño… Alguien me puede explicar esto, porque la verdad mi cabeza no me permite asimilarlo.

Ese día, en aquella charla, ellos no querían que me fuera, me decían “te quiero”, me abrazaron hasta que me tuve que ir ya porque necesitaba llegar a mi carro y llorar. Lloré de impotencia. El sistema los tiene ahí en esa escuela, haciendo nada. Muchos obligados por sus encargados porque no quieren bregar con ellos en verano. No les dan dinero para materiales ni ayudas… y probablemente detrás de este “proyecto” debe haber una compañía de esas “tutorías” haciéndose ricos con los fondos públicos que tú y yo pagamos. Mientras, esos niños buscan amor y atención hasta de los extraños que les muestren un poco de compasión y de las figuras que tienen como ejemplo en estos momentos. Como esa maestra que me llamó. Ella me asegura “somos voces no escuchadas, somos los que trabajamos con los niños y no nos escuchan.” Aunque quieran hacer más, tienen las manos atadas.

En unos días se acabaría ese “campamento” y esos niños volverán a sus casas, a sus ambientes hostiles, a su falta de cariño. Y seguirán sus vidas en el anonimato. Perderé contacto con ellos pues hay que mantener su identidad protegida… “por su bien”. Y yo, ¿qué puedo hacer? Mi amiga me regañó esa noche. “¿Cómo que qué puedes hacer? Lo que estás haciendo. Lo que te toca hacer. Eso es hacer algo.”

Al día siguiente hablé con la maestra nuevamente. Me contó que los niños habían quedado impactados por mi visita y que dijeron que yo era “bien linda y que parecía una mamá pero jovencita”. Y que hicieron una promesa después que yo me fui: que leerían más y que cambiarían la historia de su vida caminando sobre sus pies bien dirigidos y bien enfocados.

De ese día sólo me quedan las fotos. Ese “selfie” con la niña de los ojos color café, un grupo de niños apuntándome con sus deditos, y los pies… ay los pies que los llevarán por la vida.

Guardaré esas fotos como recuerdo del sufrimiento de los niños por un sistema corrupto y deficiente. Mientras, canto con Blades: “Aunque me haya equivocao, aunque me hayan señalao, yo sigo parao, corriendo y de pie. Vivo parao, dando gracias por las cosas que la ruta me he encontrao, sigo parao. Siempre parao.





Fotos tomadas de Google y algunas tomadas en la charla.Video de Rubén Blades tomado de YouTube.

domingo, 7 de octubre de 2012

Mirar pa'rriba


 


Comienzo por presentar mis más sinceras disculpas por tan cruel abandono a este foro al cual humildemente someto mis pensares periódicamente. Estas últimas semanas estuve sumergida en un océano de “issues” y haberes de ser una novata empresaria, estudiante de maestría y futura esposa.

En estas semanas sí que he maldecido cuanta burocracia existe en nuestro País, cuanta limitación nos presenta nuestro estado colonial, nuestra mierda de sistema el cual no provee posibilidades decentes de progresar en una profesión que no sea alguna encajonada en lo que la masa considera “importante”, entiéndase las leyes o la medicina. De la misma forma, me ha invadido el desasosiego por la actitud de “me importa un carajo la cultura” que han asumido muchas empresas y agencias.

He estado al borde de ataques de pánico, histerias y depresión, peor que un personaje tomado de un película de Almodovar. Y hasta me he tragado muchísimas cosas que le quisiera decir a dos o tres personas que me tienen hasta los cojones, pero por diplomacia he decidido que no vale la pena. En fin, han sido semanas de crecimiento espiritual, a cojón pero efectivo.

El caso es que recién estuve en San Francisco, para la presentación de mi propuesta de Tesis y tuve un despertar pertinente para escribirlo en este espacio.

Hace algún tiempo vengo sintiéndome fuera de lugar en este País, “a lo cucaracha en baile de gallina”. Les confieso que siento que ya ni vale la pena seguir luchando por el arte. Nadie escucha. Y como estudiante de las artes ni se diga. Mi profesión está desvalida en este País. Ser artista es casi sinónimo de ser leproso. Faltan recursos, apoyo económico, espacios de presentación a precios razonable, tiendas especializadas y gente que sepa lo que hace en general.

En fin, ya he comenzado a darle la vuelta a la idea que inevitablemente terminaré haciendo mis maletas y largándome a un carajo localizado fuera de la Isla del Encanto y no habrá Miss Mayaguez que me detenga con balbuceos sobre modelos a seguir y educación.

Y este viaje a San Francisco solo reforzó mis más recientes descubrimientos. Esta semana en la ciudad de la bahía, además de congelarme hasta los mocos, me hizo reflexionar mucho. Supe que sí hay lugares donde el arte aún es importante. Donde el decir que eres estudiante de artes es digno y admirable. Y donde el lenguaje de la cultura es uno conocido, utilizado y aceptado. 

By the way, no fui nada confiada a presentar mi propuesta de tesis. Todos mis allegados me dedicaron hermosos comentarios y apoyo. Todos estaban seguros de que pasaría la prueba. Yo no estaba para nada segura, at all. Allí iba yo, una puertorra criada en Cayey a una de las ciudades más artísticas de Norte América a presentarle a un grupo de triunfantes artistas un humilde proyecto sobre fotografía y antropología: una paja mental de mi cerebro desvelado y ambicioso.

El primer día que me pude levantar de la cama después de 14 horas viajando y un deliciosos “jet lag” de 3 horas, crucé la calle al “Estalbocks” más cercano. Compré mi “Venti Soy Latte” y me senté en una mesa afuera a congelarme el trasero porque adentro estaba lleno de “Marines”. Sí, “Marines”, con sus vestiditos blancos y gorritos de capitán y toda la vaina. Esta semana en San Francisco era el “Fleet Week” y toda la ciudad estuvo invadida por oficiales de la guardia naval, militares, etc.

El caso es que mientras meditaba con mi enorme café en la mano, una chica me preguntó si podía compartir la mesa conmigo pues no había espacios disponibles. Amable, le respondí que sí. Resulta que nos pusimos hablar y era Australiana. Estaba en San Francisco de vacaciones acompañando a su esposo que estaba en unas conferencias. Ella era traductora y su trabajo era traducir las leyes en el congreso de su País. Seguimos conversando y bromeando sobre algunas cosas de la ciudad y le conté sobre mi tesis.

Luego de aquellos breves minutos de agradable conversación. La chica y yo continuamos nuestros pertinentes caminos. Efusiva, me deseó suerte en la presentación. Nunca le pregunté su nombre, ni ella el mío.

Al día siguiente presenté mi trabajo, en medio de un temblequeo de voz incontrolable por los nervios y un acento marcado pues cuando me da ansiedad se me va lo de bilingüe a los pies. El comité aprobó mi proyecto y me felicitó por la presentación. No obstante, me señalaron cosas que ya yo sabía sobre el equipo, los recursos y los detalles técnicos por los que me encuentro limitada en Puerto Rico.

Salí de allí casi al borde del desmayo, pues en una sencilla hora había desembocado todas las amanecidas y malos ratos de semanas enteras dedicadas a la confección de esta propuesta. Para bien, gracias a Dios.

El resto de los días transcurrieron entre visitas a amistades, museos, galería y teatros. Caminé lo que nunca se podría caminar en Puerto Rico. Que maravilla el poder llegar a todas partes usando nuestros propios pies y no dependiendo de un carro y tapones y malos ratos. En fin, mis días ideales.

Como parte del “Fleet Week” toda la semana hubo también “Airshows” o demostraciones acrobáticas y maromas de aviones miliares sobre toda la ciudad. Tal evento hacía que cada varios minutos sonaran estruendosos soplos de viento, lo que obligaba a todo transeúnte a mirar al cielo en busca de los aviones.

Por unos segundos, casi toda la ciudad se detenía a mirar hacia arriba. ¡Qué hermosa imagen aquella! Si alguien no hubiera sabido de los aviones, pensaría que aquellas personas buscaban a Dios o a algo divino que habitara allá entre las nubes. Y entonces me pregunté, ¿con cuanta frecuencia miramos al cielo?

Entre tanta mierda terrestre en la que nos preocupamos, ya hemos olvidado mirar hacia arriba. Nos preocupamos por mirar hacia al frente, hacia los problemas que tenemos que resolver, la gente que nos saca por el techo, las necesidades que tiene nuestro país, las propuestas que tenemos que presentar y los obstáculos que tenemos que vencer. Pero muy pocas veces nos detenemos a mirar las nubes o las estrellas. Muy pocas veces nos detenemos a respirar.

Ojalá hubiera un showshito de esos en Puerto Rico para obligarnos a mirar.

Esta semana tomen un segundo de sus vidas y cuando anden a pie, si es que alguna vez lo hacen, vuelvan su cabeza hacia arriba, dejen que la sangre de su cerebro circule en una posición distinta a la usual. Y respire (no se ahogue con la contaminación), pero respire porque hay un espacio infinito más allá de nuestro campo de visión. Y es hermoso…


viernes, 31 de agosto de 2012

Mij Mallaguej 2013





Me he tomado la libertad de transcribir íntegramente la tan comentada respuesta de la candidata de Mayaguez ante el panel de jurado durante el concurso Miss Puerto Rico esta pasada semana. De la misma forma, me he sentido en la obligación de comentar sobre esta gran joya intelectual puesto que se supone que estas chicas son la representación de la mujer puertorriqueña.


Transcripción:

Jurado: ¿Si tuvieras que convencer a un recién graduado de la Universidad que se quedara en la Isla, qué le dirías?

Cristina Francheschini, Miss Mayagüez: (Silencio… Mirándose el busto para buscar inspiración, dando pelo, manos en la cintura, contracción, ojos para arriba y frente en alto) Buenas noches Puerto Rico (chequeo de los dientes con la lengua y risa mondá de cuajo a cuajo con expresión pendeja de “esa pregunta no estaba en el ensayo que me hizo mi coach”)… En mi casa a mi me enseñaron muchísimos valores y uno de ellos es el más que yo encuentro que… me han… me han… (mirada hacia el piso a lo "que meti'a e' pata") me han dado la oportunidad de poder cultivar como yo quiero esa educación. Y a mi me encanta ser ejemplo de… de jóvenes puertorriqueños para que… que ellos también vean que la educación es… lo que los saca hacia delante. De esa manera obtener un futuro comprometedor y de… (mojándose los labios de la seca que le provocan los nervios)  Y para que ellos tengan esa… esa idea de que sí pueden quedarse aquí en Puerto Rico tenemos que dejarle saber, entender que para que Puerto Rico mejore las personas se tienen que educar… (arrejmillá y con una dicción impecable) quedarse en la Isla y así seguir dando un ejemplo para seguir educando a los demás jóvenes puertorriqueños. (Risa Colgate)

Moderador: Muchas Gracias…
Pido un minuto de silencio para digerir esta reflexión tan profunda y organizar las reacciones acumuladas que seguramente provocó...

Estimada Mij Mallagüej:

Primeramente me alegro que su familia haya tenido la deferencia y el tiempo de inculcarle preciados valores durante su crianza. Es una gran pena que uno de esos valores no haya sido la sinceridad para contestar que no tenía el conocimiento necesario para responder a tal pregunta.

Prosigo notando que no llegó a mencionar cuál fue el valor específico que le "dio oportunidad de cultivar" a gusto propio su educación. De hecho, me consume la curiosidad porque no sabía de tal valor humano que de todas formas probó ser un fracaso pues es evidente que a usted, dicha libertad no le rindió frutos. Y sí, usted es ejemplo.  Es un ejemplo claro de que una simpática sonrisa sí logra abrir caminos.

Tiene mucha razón cuando plantea que para que Puerto Rico mejore las personas se tienen que educar. Todas las personas, incluyendo a las candidatas que compiten por el título de la mujer más bella de la Isla del Encanto, deben educarse. Sobre todo en asuntos como la “fuga de cerebros” que se está dando en la Isla pues es preocupante lo que está quedando. Usted lo demostró.

Contestando entonces a la verdadera pregunta formulada por el jurado: para poder convencer a un recién graduado que se quede en Puerto Rico se debe poder tener la posibilidad de ofrecerle oportunidades de empleo. Un profesional con título universitario aspira a ejercer la profesión que por más de 4 años sudó y por el cual dejó el recuerdo de su trasero en los pupitres de la Universidad. Para que un joven no emigre con su título a ejercer en tierras lejanas, el pedazo de terruño que le vio nacer debe poder generar y cultivar potenciales nichos empresariales, laborales y económicos y no limitarse a vacantes en restaurantes de comida rápida y tiendas en centros comerciales. Es una decepción que un diploma no te consiga más que un turno de 20 horas al mínimo federal sirviendo café.

Además, el estudiante debe poder sentirse en la tranquilidad de que está viviendo en un país donde es seguro salir a celebrar la graduación sin perecer en la víspera por un bala mal tirá.

Me parece que tristemente usted desaprovechó un gran foro para dirigirse a las masas. Ustedes han tenido la oportunidad de lucir y presentarse frente al pueblo, un pueblo que vive en una desesperanza colectiva y se esconde detrás del obsoleto pensar que “somos el país más feliz del mundo”. Un País que les apoya por ser representantes de sus pueblos y ejemplo de la mujer puertorriqueña.

Me está comenzando a preocupar que aquellas que se autodenominan representantes de las boricuas y que para colmo tienen el espacio mediático para hacerlo, se limitan a damas como    Evelyn Vázquez, Maripily Rivera y usted. 


¿Dónde está el foro para que las próximas Maria Luisa Arcelay, Luisa Capetillo y Julia de Burgos se expresen?  Si no sabe quiénes son estas ilustres, abra el “gugol” en su “ejmalfon” e investigue.

Lamentablemente, usted perdió la ocasión de contradecir las comunes burlas de que las modelos y las misses solo saben de “esprei” de pelo, extensiones, lápiz labial, y aspiran a la paz mundial. Más aún, malgastó el espacio para demostrar que la belleza puede estar acompañada de elocuencia e inteligencia.

Que burla de concurso… Siento que debo releer el Quijote y la Divina Comedia para recuperar los puntos de IQ que se me esfumaron tras tener que transcribir este video… Ay Borinquen, no llores que tu no tienes la culpa de los frutos rancios que echan tus palos.

Hasta la próxima entrada queridos lectores, y no se quiten los lentes porque hace falta más gente que vea mejor en este país. ¡Que viva la paz mundial!

domingo, 19 de agosto de 2012

El pueblo indignado votó




Este último referéndum fue uno histórico para demostrar que aún nos queda esperanza de un país que pudiera levantarse si nos quitaran la bota de encima. Es evidencia de un pueblo que está indignado. 
En el caso de la fianza, el referéndum no era para decidir entre las víctimas y los delincuentes. Como lo he planteado en ocasiones anteriores, la campaña del "Sí" fue una con base en el miedo, en apelar a los sentimientos del pueblo para tomar una decisión racional sobre un asunto constitucional. Pero como dijo Federico García Lorca, "el más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida". Al menos hoy, ese no es el caso pues el pueblo habló y hay esperanzas. 

El haber votado por no limitar los derechos a la fianza no es lo mismo que favorecer a los delincuentes, al contrario, es preservar que el proceso judicial sea uno justo e imparcial para todo el mundo, aunque el sentimiento nos diga que no lo merece. 

Muchos se expresaron por las redes sociales, como bien tienen el derecho. Y esas expresiones evidenciaron la convicción del sector del "No" pero también la desinformación del sector que favorecía el "Sí". Por ejemplo, el hecho de que las mujeres votaran que "No", no quiere decir que están a favor de que sus agresores, violadores o parejas maltratantes les hagan daño más de una vez. El limitar el derecho de fianza no resuelve el problema de la violencia doméstica, puesto que en la en mayoría de los casos la mujer es asesinada al momento de la primera agresión. La fianza no sirve de nada una vez la víctima está muerta. 

Por lo tanto, me parece una postura machista y desinformada la de usuarios de las redes sociales que me comentaron, en lo personal, que el haber votado "No" me impedía luego quejarme de que hubiera agresores de género libres bajo fianza. !Que manera tan limitada de pensar! Es hasta triste que la desinformación llegue al punto de acusaciones tan banales como ésta. A ellos sólo les digo: 


Yo voté que "No" por el limitar el derecho a la fianza porque constitucionalmente y en nuestro sistema legal todo el mundo es inocente hasta que se pruebe lo contrario, y limitar la fianza a un acusado (no a un culpable) coharta un proceso judicial limpio. Nuestros sentimientos nos hacen pensar que hay par de hijos de la gran &^$&# que no deberían tener ningún derecho por las anormalidades que cometen. Pero la razón dicta que si el acusado es encontrado culpable más allá de duda razonable, que cumpla entonces con su sentencia y se pudra en su celda. Mientras, racionalmente no podemos poner en juego la presunción de inocencia. 

Esto no exime al sistema judicial y sus fallas. La justicia a veces no se cumple y como hay mucho corrupto y mucha pala, tampoco se puede asegurar un proceso limpio. Ejemplo: Lorenzo, Carmen Paredes y hasta Caylee Anthony para los que se creen gringos. Pero corruptos hay en todas partes y no se les contesta bajando a su nivel, al contrario, la respuesta es demostrándole lo que carecen. 

Además, el tener acusados en la cárcel sin fianza por más de seis meses, tiempo mínimo que podría tardar un proceso judicial, es sinónimo de más personas tras las rejas que comen, duermen y beben con fondos que salen de tu bolsillo y el mío. 

Votar "No" no fue sinónimo de votar a favor de los criminales, no cometamos el pecado de caer en conclusiones simplonas que apelan a las emociones. Es que las propuestas en su principio no estaban articuladas de manera correcta y el pueblo votó que "no" quisieron ambos proyectos, no porque no son problemas que no hay que atender, sino porque no son las soluciones necesarias. 


En el caso de la Legislatura es aun más burdo el argumento. La gente votó que "no" querían reducir el número de legisladores, no porque no haga falta una reforma legislativa sino porque ésta no vale ni un chavo prieto por como está redactada. Una verdadera Reforma Legislativa no solo debería reducir el número de legisladores, sino eliminaría las dietas, los carros, los choferes, los bonos y el uso de fondos públicos para cenas con bombos y platillos como el vergonzoso banquete de celebración en la legislatura la pasada semana. 


$75 mil dólares que salieron de mi wallet y la tuya. Eso fue lo que costó la celebración del aniversario #96 de la Legislatura. Los muy huele guineos, por no usar un peor atributo mucho más vulgar, se jartaron como cerdos con langosta, carnes y vinos en la Casa de las Leyes para celebrar un cuerpo y un poder obsoleto que no funciona como está constituido. 

Me da rabia pensar en lo mucho que uno se jode para levantarse y ser alguien de provecho con el sudor propio mientras este grupo de chupa guineos que calientan las sillas en las que los puso el pueblo se dan la vida de aristócratas con música de sinfónicas y comida gourmet. Enloque, el País esta en un budget de chefboyardi y radio FM, y cuidao'. 


Más aún, ?porqué los legisladores tienen que tener una dieta? Ellos tienen un sueldo y todos los empleados de este País pagan su almuerzo de su propio bolsillo y guían su propio carro y compran su propia gasolina. Y si se dijera que es una compensación por su buen trabajo pero la mayoría de los que ocupan esos escaños no merecen una silla en la casa de las leyes. Una verdadera reforma legislativa, incluiría hasta una lista de requisitos para lanzarse como candidato a la legislatura, como la tiene cualquier otro empleo, y requeriría un mínimo de bachillerato y conocimiento en ciencias políticas, al menos. Porque no es posible que profesionales con post grados y alta experiencia no ganen ni la mitad de lo que ganan estos descarados jugando a escribir leyes, reglas y enmiendas que buscan pisotear al pueblo y velar por los intereses de los amigotes, no de los ciudadanos. 


?Qué clase de legisladores tenemos que se las echan de bichotes, santeros, súpermodelos y se espatarran en fotos? ?Qué hacen estas joyas intelectuales más allá de crear proyectos de ley para buscar tesoros perdidos, ajustar los panties de las presas y redactar sacrosantos proyectos como la Ley 99?


!Prohibido olvidar Puerto Rico! Porque son esos mismos cabros mayores que llevan cuatro años dándole trasero a una silla reclinable los que regresan a la papeleta este año y por la vagancia boricua de no leer somos capaces de rajar la papeleta debajo de alguna insignia y volverlos a poner en la puta silla con aire acondicionado que chupa la luz que nosotros pagamos con nuestras contribuciones. 


Señores, no me vengan a meter las cookies y decirme que no hay dinero para arreglar el País porque hubo $75 mil dólares para comer langosta, hubo millones para darle a los pretenciosos españoles para que vinieran a patear una bola, hubo dinero para un referéndum coge pendejo y ha habido dinero para muchas otras guevadas más. 


?Dónde están los fondos para la educación, para las artes, para una reforma de salud pública para todos,  para buenas carreteras, para nuestros viejos, para un verdadero proyecto de País?

lunes, 6 de agosto de 2012

Puerto Rico en Shock


La universidad pública está siendo atacada lenta y sigilosamente con tácticas sutiles y bien pensadas. Notorios casos como el de Lorenzo y Carmen Paredes parecen quedar en el aire si los agresores son “intocables”. Los políticos regalan donas, discriminan por Twitter, buscan tesoros perdidos, se toman fotos “esnu’s”, roban la luz y apuntan dedos para culpar a todos menos a sí mismos por los desastres del país. Mientras, el pueblo vive una guerra silente en la calle esquivando balas, encerrándose y leyendo los titulares de un País que en evidencia está siendo víctima de la Doctrina del Shock.
La Doctrina del Shock es una táctica traída de la medicina siquiátrica que es aplicable a los países y fue implementado por gobiernos y dictaduras en distintos momentos de la historia. De acuerdo con el documental La Doctrina del Shock de Naomi Klein, “El shock borra el pasado, hace olvidar, somete hacia el miedo, designa la indefensión y la resignación ante el sufrimiento”.
Entre otras cosas, esta doctrina busca reducir el gasto público (como cesantear más de 10mil empleados del gobierno) y eliminar las restricciones del mercado (como salvaguardar a ciertas empresas de los pagos de impuestos). Haciendo esto, entiende que “la economía se corregirá a sí misma”. Así, como por arte de magia con una palmadita y algunas palabras mágicas.
Lo hizo Augusto Pinochet en Chile, lo hizo Margaret Thatcher en Inglaterra, lo hizo Boris Yelstin en Rusia y siento últimamente que lo están haciendo en mi Isla también pues estamos viviendo cambios que nos empujan un poquito más cada día hacia un shock que nos deja inertes ante las desgracias de nuestra tierra.
Uno de los efectos principales de esta doctrina, el miedo, se relaciona con la adaptación del ser humano. El miedo nos hace cobrar conciencia de lo difícil que pueda ser una situación. Y el resultado de esa conclusión es un escape o un enfrentamiento como reacción. Sin duda, el miedo es una de las grandes herramientas de manipulación política que, en efecto, nos hace querer escapar o enfrentarlo, a medias.
¿No es acaso el miedo lo que ha cambiado las medidas de seguridad en los aeropuertos tras el 9/11 y nos “paniquea” ver a alguien en una burka o facciones árabes en un avión? Y si ocurriera un ataque terrorista en un centro comercial o en un tren, ¿no tendríamos acaso miedo de regresar a nuestros haberes habituales en estos lugares?
Nos pasa aquí en varias maneras. Por ejemplo: ¿Quién confía en la policía al 100% después de casos como el de Cáseres y el de la doñita de Guaynabo los otros días? ¿Qué es el voto de castigo sino un voto por miedo al que el incumbente siga jodiendo la Isla más?
Es el miedo el que lleva a comerciantes puertorriqueños a ir a su trabajo con un chaleco anti-balas, y a civiles considerar comprase armas para protección. Es el miedo lo que nos lleva también a tomar precauciones, y a llevar hasta pepper spray en las carteras.
Sin duda, Puerto Rico vive la era del miedo, aunque muchos opten por ignorarlo. Los adolescentes, por ejemplo, viven ajenos a una realidad en la que se encuentran inmersos sin saberlo. Sobre todo la clase acomodada, los “guaynabichos” que piensan estar aislados del crimen que le sucede a los “pobres” y “drogadictos”.
Los más ignorantes del miedo son estos jóvenes influenciados en demasía por programas televisivos importados y estilos de vida irreales, con nuevos lenguajes como el OMG y LOL.  Pues: “OMG, como que no se dan cuenta, o sea,  que las balas como que, alcanzan a como que, a bailarines, doctores,  o sea, comerciantes, policías y a sus iguales como Stefano.  ¡GASP!”  Son una generación que parecen resistirse al shock, al miedo, y continúan probando, experimentando, y retando lo efímero de la vida.
Otros que parecen no padecer de miedo son los mismos jóvenes del otro lado de la cadena social. Los que no le temen a entrar en negocios dudosos de droga por ganarse unos cuantos billetes, los que no creen que seguir la universidad les es útil, los que le han perdido el respeto a la vida, y los que le sacan el dedo a las cámaras sin miedo y terminan en un Billboard a la vista de un pueblo indignado.
Pero no se les puede culpar, porque son una generación que está creciendo en un país que no les reta ni les exige. No importa que no terminen la universidad, siempre habrá un McDonalds que “solicite empleados”. No importa que roben, si “el gobierno lo hace también”. Y sino, siempre habrá cupones y tarjetas de Familia. No se les puede pedir que tengan miedo, si no saben ni conocen a qué le deben temer, hasta que les encuentre una bala en la esquina de alguna acera, se les pegue algún STD, se encuentren sin futuro ni trabajo o se vayan con los Panchos en un OD. Ahí entonces serán para sus allegados “los nenes buenos que no tenían problemas con nadie y eran bien tranquilos”, como recitan siempre tras la muerte de alguno de estos indomables jóvenes en vida.
Mientras, quienes que padecemos del shock porque lo entendemos y lo vivimos lo que queremos es huir, y nos duelen los huesos en una desesperanza colectiva por lo “jodío que estamos” y lo “mala que están las cosas”.Hay quienes se resignan, producto del shock, a que éste es el Puerto Rico que nos tocó vivir y no se puede hacer más. Y claro, están los que se les “olvidan” los cantazos del shock cuando les regalan una nevera o les ponen WIFI gratis  antes de unas elecciones.
Lo que estamos viviendo no se debe tomar liviano. Los países que vivieron la Doctrina del Shock en todas sus facetas experimentaron la tortura, las desapariciones, y los asesinatos en masa. ¿No tuvimos un mini taste a lo bocadillo de party de marquesina con la huelga de la universidad? ¿Acaso el incidente del Capitolio donde rodaron personas por las escalinatas, lagrimearon ojos y sangraron heridas no es como un preview de lo que podría pasar?
Quisiera pensar que es producto del mismo estado de shock en el que nos encontramos, pero no podemos vivir pensando que “eso no nos va a pasar a nosotros”. ¿Qué lo impide? Porque realmente no hemos demostrado ser mucho más diferente a estas otras dictaduras que ya marcaron la Doctrina del Shock en su check list de historia.
¡Ojo al pillo boricua! A sacudirse del shock y a enfrentar el miedo porque sino, no habrá recoveco en estos 100x35 que se salve de lo que aparenta estar en nuestro panorama si seguimos como vamos.