sábado, 20 de abril de 2019

Mesero, por favor, un plato de plástico con un “side” de basura

National Geographic

Mesero, por favor, un plato de plástico con un “side” de basura

Hablar de orangutanes, osos polares, glaciares y hermosos océanos de colores topacio y lapislázuli será una leyenda en unos cuantos años. Serán mitos para los niños que solo los verán en libros y videos en Internet. Serán figuras místicas de historias contadas de boca en boca, cuentos de abuelos, recuerdos hermosos.
One Green Planet

Y aquí rompo la poesía porque me emputa como estamos descojonando el planeta a miradas ciegas y oídos sordos, no sólo del gobierno sino de nuestros vecinos y ciudadanos de a pie. De quiénes usan quince sorbetos al día, dejan las colillas de cigarrillos entre la grama y usan una botella de agua a medias y la desechan sin conciencia de reusarla o reciclarla. Porque “que carajos, no voy a estar vivo cuando se joda el planeta”, piensan.

Cada acción en contra del ambiente desencadena una maraña de efectos que están causando que las ballenas aparezcan muertas con los estómagos llenos de plástico y que los orangutanes se mueran de hambre porque las compañías de chocolate tumban sus árboles para sus sembradíos de aceite de palma. Y hay quienes dirán, “¿qué importa que los osos polares estén en los huesos porque se derriten sus hogares y no encuentran comida?”

The New York Times
Pues les hago saber que importa mucho puesto que esos glaciares que se están derritiendo inundarán en par de años las costas y desaparecerán ciudades completas, no sólo en las Islas sino en los continentes enteros. Es física básica, si el hielo se convierte en agua, los niveles de los océanos van a subir. Y adiós a las ciudades costeras, las que tú visitas, en las que vive gente que se verá desplazada con sus hogares inundados.

¿Sabías que según la agencia de noticias española EFE, en Puerto Rico se usan 1.100.000.000 millones de sorbetos plásticos al año? Somos 3.5 millones de habitantes en esta Isla. Puñeta, bébanse el jodio refresco del vaso o de la lata. Si te da asco, pásale un pañito. ¿No te asombra esa cantidad?

Pues comparto estos datos del portal Ambientum a ver si te espabilas:
·       8 millones de toneladas de basura al año llegan a los mares y océanos.
·       Esta cantidad es equivalente al peso de 800 Torre Eiffel, para cubrir 34 veces la isla de Manhattan o el peso de 14.285 aviones Airbus A380.
·       Hay 5 islas de basura formadas en su gran mayoría por microplásticos.
·       2 de ellas se encuentran en el Pacífico, 2 en el Atlántico y 1 en el Índico.
·       Se estima que en 2020 el ritmo de producción de plásticos habrá aumentado un 900% con respecto a niveles de 1980.
Y según el National Geographic, “Se cree que el plástico que invade los océanos mata millones de animales marinos al año. Hay constancia de que afecta a cerca de 700 especies, algunas en peligro de extinción. En algunos casos los daños son visibles: animales estrangulados por redes de pesca abandonadas o por los aros que unen los packs de las latas de bebida. En otros muchos casos los daños son invisibles.”
Y si esto te sorprende, quiero que sepas que los estudios dicen que cuando comes pescados o animales del mar también estás comiendo micro pedazos de plástico que esos animales consumieron a su vez de la basura que tu produjiste y llegó al mar.
Me agobio cuando leo estos datos, y no es información secreta. Todos los días se publican decenas de artículos referente a estos temas que probablemente los ves y le das scroll down porque piensas que no tiene nada que ver contigo.
Pero sabes, sí te debería importar. Y si tienes hijos, te debería importar mil veces más porque ese es el mundo que le estamos dejando, un mundo lleno de islas de plásticos, con 150 especies de animales que se extinguen diariamente, según estudios de la ONU.
The Ocean Cleaner
A veces pienso que yo podría hacer más. Ando con mi bolsita de tela, ya no uso sorbetos excepto para tomarme un Frapuccino y aún así me lo llevo para reusarlo en mi casa. Pero me frustro porque es que todo viene envuelto en fucking plástico. La mayoría de los empaques de productos en el supermercado son plásticos… Todo se reduce a plástico, plástico, plástico, fucking plástico.
He visto artículos de platos que se están haciendo de yuca y otros materiales que se reducen a composta. ¿Por qué no han hecho eso viral? Porque es más fácil y barato hacer y comprar los de foam o plástico. Porque te cuesta un peso el paquete y prefieres ese. Yo lo he hecho, todos lo hemos hecho estirando el peso.
Y repito, ¡me frustro, me frustro! porque quiero hacer más, pero por cada sorbeto que dejo de usar, otro usa cinco. Por cada botella de agua que reciclo y ahorro con mi botella reusable, hay veinte cabrones más bebiendo las de plástico a medias y desechándolas sin remordimiento.
Ay mira no sé, no sé que más hacer más que escribir estas letras y quizás inspirar a alguien a que se compre una botellita reusable por diez pesos y ahorre un poquito de plástico, y que piensen dos veces antes de pedir el jodido sorbeto.
Earth Times
Y lloro, lloro cuando veo los pobres ositos polares flacuchos y muertos de hambre. Lloro cuando veo las caritas de los orangutanes perdiendo su casa sin saber porqué. Lloro de rabia cuando veo los cuerpos de las ballenas vomitando toneladas de plástico. Lloro de encabronamiento cuando veo a las tortugas con collares del plástico del sixpack que algún hijo de puta dejó tirado en la playa. Y al caballito de mar agarrado de un Q-tip.
Pienso en esto y me viene a la mente Ruben Blades y sus acertadas letras:
“Era una ciudad de plástico de esas que no quiero ver, de edificios cancerosos y un corazón de oropel. Donde en ves de un sol amanece un dólar. Donde nadie ríe donde nadie llora. Con gente de rostros de poliéster, que escuchan sin oír y miran sin ver. Gente que vendió por comodidad, su razón de ser y su libertad.”
Pero tú puedes hacer un cambio, aunque suene clichoso, tú puedes dejar tu huella. Si los 7,550 millones de personas en el mundo dejan de usar un sorbeto o una botella de agua por día, coño, eso ayuda. Poquito a poco, eso ayuda. Los daños podrían ser reversibles, aún estamos a tiempo.
Hay mucha mierda pasando en el mundo: cazadores, industrias corta-árboles, pescadores furtivos y crueles, empresarios hijos de puta y gobiernos ciegos. Pero tú y yo, podemos hacer algo. Aunque sientas que no es mucho, «el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo». (Proverbio Chino)
Star Tribune

viernes, 29 de marzo de 2019

Cerrar la pantalla y volver a leer el shampoo



                      Cerrar la pantalla y volver a leer el shampoo 

Con tanto ruido digital ¿cómo nos concentramos hoy en día en vivir? Vivir la vida REAL, ver las nubes, mojarnos los pies en el agua salada. Me está entrando un Carpe Diem y en estos días lo que quiero es zumbar el teléfono contra las paredes y volver a oler las flores.

He estado reflexionando sobre el tiempo que me quita la vida social cibernética y la necesidad que me ha surgido de cerrar la pantalla y abrir la Medalla, como bien nos canta Capó.

Y es que me pongo a pensar en que diariamente abro las redes más de ocho veces al día y no es que esté activamente publicando, me he dado cuenta de que lo que hago es pasivamente participando. Lo que hago es leer, ver el contenido que publican otros, estar pendiente de lo más reciente, de lo inmediato, del minuto a minuto. Y a veces hasta me encuentro horas dándole scroll down a la pantalla sin fijar la mirada en nada. Es la costumbre, el puro acto de mover el pulgar y saturarme de imágenes, texto y mierdas. 


Como estoy en el arte, tengo que si Fan Page personal, el de la compañía, que si Instagram, que si Facebook… y eso que me resisto al Twitter, Snapchat y no sé cuantas cosas más. Pero las redes que sí manejo me hacen sentir la necesidad de crear contenido y atraer tráfico por lo menos semanalmente. Porque ahí está el público, los clientes, la gente… punto. Ya llevar flyers a los cafés o a las librerías está demodé, ahora es ponerles chavos a los posts para que tu "info" llegue al mundo.

Yo verdaderamente lo que no entiendo son, y me perdonan los que lo hacen, a los que publican lo que se comen, los que se toman fotos en los baños, los que hacen "check-in" en el supermercado… los que se les suelta un cordón del zapato y piden una recomendación de alguien que los amarre bien chévere con la técnica de las orejas de conejo. Y por eso digo que mi participación es pasiva, el morbo me hace querer ver todo ese contenido inservible porque me hace sentir parte de algo, de dónde está la gente, de qué hacen. Aunque yo no lo practique.

Y digo que no lo practico ahora, pero en los recuerdos de Facebook me salen publicaciones de hace diez años donde yo compartía hasta que tenía sueño. Y ahora, a mis treinta y pocos, leo esas cosas que escribía, ruedo los ojos hacia arriba y me sale una onomatopeya, así como "ugh", y me pregunto ¿en qué carajo estaba pensando?

Los otros días se me quedó el teléfono en la casa y tenía un día de trabajo de 14 horas. Pude haber regresado a buscarlo, pero me dije "fuck it, déjalo". Y cuando llegué en la noche, nadie se había muerto, la vida transcurría normal, los mensajes que tenía los contesté con calma y me di cuenta de que la vida sin el celular es posible. ¡Que revelación tan maravillosa!

En antaño, después de la era de los beepers, cuando empezaron los celulares jurásicos, solo jugábamos con el gusanito y era una jodienda textear porque tenías que darle veinte veces a una tecla para sacar una letra. Creo que eso nos daba vagancia. Pero con la introducción de los Blackberries, el nacimiento de las redes, empezando por MySpace y luego las pantallas grandes de celulares a color… ahí cambió la cosa y nos amarramos sin vuelta atrás.

El propio acto de escribir esto y compartirlo en las redes para que ustedes lo lean es parte de lo que aquí me quejo. Me paso chekiando cuántos views tienen mis escritos en este blog, que si lo leen, que si lo comparten… Es una pendejá.

Me entra de momento un "viva la resistance" y me quiero ir a vivir a una playa sin nada que requiera enchufe o wifi… en resistencia, en son de protesta. Pero pues, esta es nuestra nueva realidad. Nuestro nuevo mundo donde existes porque el otro valida tu existencia dándole un like, share o whatever.

Me prometí bajarle mil a la obsesión de conectarme cuando me veo con tiempo para matar. Trato ahora de no llevarme el celular hasta el baño y me pongo a leer otra vez las botellas de shampoo cuando estoy en el trono o las cajas de cereal mientras desayuno. Me estoy forzando a leer más libros, como cuando pasó María y no nos podíamos conectar a nada.
 
No puedo quitarme del todo, la realidad es que mi teléfono es mi herramienta principal de trabajo. Pero sí seguiré tratando de callar ese ruido digital y llenarlo con el cantar de los pájaros. Y no tiene que ser tan idílico, con escuchar las bocinas del tapón me basta.

Sube la mirada de vez en cuando, que te va a salir una joroba. Mira a la gente a la cara cuando comen, háblense cuando estén en corillo. No pasa nada si no contestas un mensaje al segundo de recibirlo. Si antes vivíamos sin publicar fotos de nuestros pies en la playa, podemos hacerlo ahora y actually mirar la playa sin intervención de una pantalla.  

Por lo menos yo he decidido ya que quiero "aprovechar el momento presente sin esperar el futuro" … como ya dije: Carpe Diem. ¿Y tú?

jueves, 10 de enero de 2019

Ser mujer en los tiempos del “trap”





Ser mujer en los tiempos del “trap”

Como mujer, latina y en mis 30… ahora me pregunto todos los días si mi vida está en peligro. Tal vez piensen “¡Ay nena, que show!”. Pero si vamos a los datos, a los hechos, a la cantidad de feminicidios, ataques racistas en los “iunited steits”, violaciones random… estar alerta y con miedito ¿será normal? Por ahora dejemos el discrimen de raza para otro escrito porque es mucho y me agobia tanto odio en el mundo. Concentrémonos en estas líneas entonces en la realidad de ser mujer en los tiempos del “trap”.

Toda la vida ha habido feminicidios, violaciones, crímenes de género, maltrato a la mujer y problemas de seguridad para nosotras. Pero ¿por qué nos indigna más ahora? Porque tenemos mayor acceso a la información. Porque con un click nos enteramos de lo que está pasando minuto a minuto en todas partes de la Isla y del mundo. Antes, estos eventos de violencia se trabajaban en las comandancias y tal vez salían en los “breves” del periódico impreso para quien los quisiera leer. No nos enterábamos si mataban a una mujer en San Germán o a dos turistas mujeres Marruecos. Ahora de 10 publicaciones en mi Facebook, 7 tienen que ver con algún tema relacionado a la violencia en contra de la mujer. O el caso de Valerie Ann, o el #metoo, o las millones de mujeres en India formando una cadena pidiendo derechos e igualdad.

En el caso de Valerie, aunque tiene acusados aún no hay razones y eso ha despertado en mi una inquietud que estaba ahí escondidita en un recoveco de mi subconsciente. Ha sido el caso que me hizo re-pensar todo este tema. Yo también soy teatrera, mujer y joven. Y cuando uno se identifica… “shit gets real”.

Evoco también la muerte hace unos años de la cantautora Ivania Zayas, atropellada, sola, caminando en la noche. Si bien es cierto que le pudo haber pasado a cualquiera, pues se trató de un “accidente”, la ola de opiniones que vino después fue verdaderamente indignante. “¿Qué hacía una mujer sola en la calle a esa hora?”, preguntaban algunos. Y yo pensaba “¿y eso qué coño importa?” De un accidente se convirtió en un tema de moral, que por ser mujer y salir de noche a divertirse o caminar y andar sola, por eso le pasó lo que le pasó. WTF!

Otra cosa que me hizo pensar en estos temas de la vulnerabilidad de nosotras fue una serie de videos sobre fotógrafos de viaje que se adentran en países hostiles, en tribus, en situaciones de guerra. Todos eran hombres. Al principio me estuvo curioso y me preguntaba porqué. Y luego pensé en los recientes casos de mujeres extranjeras asesinadas brutalmente en países de conflicto. Y es que si en este lado del mundo ya no hay respeto por la vida de las mujeres, imagínense en otros lugares donde habría que taparse hasta la nariz para no ofender la hombría y virilidad de los dueños y señores.  

Tanto nadar para morir en la orilla, porque mira que se han jodido las mujeres a través de los años para que podamos votar, pensar y opinar. Y todavía es el día que la escala no está en balance.

Esta cadena loca de pensamientos sueltos me llevó también a pensar en publicaciones en las redes sociales de mujeres comentando sobre el privilegio de ser hombre. Ellos salen de noche, a cualquier hora, a cualquier sitio y no son acosados por su ropa, por sus tetas o por su color de lápiz labial. Y mientras más leía las opiniones y comentarios me di cuenta de que es cierto. Tú, mujer, ¿te atreverías a dar una vuelta por Santurce de madrugada sola y en tu vestido corto favorito sin miedo alguno?

Y no solo estamos en peligro por extraños, ¿qué me dicen de los 24 casos de mujeres muertas a mano de sus exparejas el año pasado? Hombres conocidos, que compartieron intimidad, casa, cama, hijos. Y aún así halaron el gatillo y enterraron el cuchillo. 

Entonces me pongo a pensar ¿en que fockin mundo estamos viviendo? Bueno, pues estamos viviendo en un mundo donde los niños escuchan “trap” antes de aprender a multiplicar. Verdaderamente esa es una de mis conclusiones. Porque si los chamacos y hombres en general están escuchando “pal carajo te mandé y a tu amiga me clavé”, según cita una famosa canción de trap por íconos del género, pues ¿qué podemos esperar de su trato hacia las mujeres, hacia sus parejas?

Confieso que escuché esa canción que estoy citando hoy por primera vez. Y la quijada me llegó al lobby. Y no se trata de pudor es que… es que… Sí tu ídolo te dice que la mandes pal’ carajo y veinte barrabasadas violentas más… de ahí a la bofetada ¿qué queda? ¿Y después de la bofetada? ¿Las amenazas por teléfono? ¿El hostigamiento en la calle?

Y no me malinterpreten, el conejo a mi me trippea y me cae hasta bien. Pero pues… pagan justos por pecadores porque hay algunas de esas canciones traperas que se escuchan en las carcachas con equipos de música más caros que las gomas que la letra es violenta, BIEN violenta, no hay brake.

Y ahora los exponentes del trap y sus seguidores aseguran que su música no incita a la violencia. Incluso ahora tiran canciones para pedirle a la gente que le baje mil y chileen. Pero me pregunto si ya es muy tarde, si ya la cultura de la violencia indiscriminada, en especial a las mujeres, llegó a un punto sin vuelta atrás. 

Es que hasta el gobernador ignora el llamado de las mujeres a declarar un estado de emergencia y ni siquiera las atiende en su oficina como es su DEBER ante los reclamos de los ciudadanos y ciudadanas. 

Y santas no somos. Porque verdaderamente hay mujeres que hacen cada cabronada. Pero eso no justifica una muerte o un golpe. Es que esto no debería ser ni un issue de género, esto debería ser un stop, basta, no más. Ni se manden pal’ carajo ni se claven a las amigas. ¡¡¡¡¡Paz puñeta, paz!!!!! ¡Háblense puñeta, resuelvan las cosas hablando! Y hablen malo, enójense, ¡es normal! Tirarse un "carajo" es hasta saludable. Pero de ahí a llegar a algo físico, a atentar contra la vida y cuerpo de otra persona… NO.

Nos quiero vivas, bailando (o perreando) sola o acompañada, felices, con derechos y LIBRES.