Hablemos de la Junta en arroz,
habichuela, pollo asao’ y aguacate.
Me preocupa de sobremanera que
estando en pleno momento en que la Junta de Control Fiscal comienza a operar,
he estado hablado con varias personas que aún están incrédulas y me preguntan
“¿pero eso va de verdad”?... Ehhh, no sólo va, ya vino y ya llegó.
Y ¿porqué me preocupa que la
gente aún no cae en cuenta de que algo esta pasando aquí y de que no están muy
claros de lo que es este “promise” que nos ha hecho el Gobierno Federal? Ante
el peligro y lo desconocido tenemos que informarnos. De otro modo,
continuaremos sentados viendo las noticias como si estuviéramos viendo visuales
del Tercer Mundo cuando realmente estamos viendo a Puerto Rico. Enajenados. Así
no se puede “people.” Y no me gusta que cuando le explico a la gente sobre PROMESA veo el brillo borrarse de sus ojos y hasta me dicen "dialo, que bajón. Yo me quiero ir pa' mi casa y no hacer na'". Pero tenemos que saber, la opción no puede ser la ignorancia. Ignorance is NOT bliss. Por lo menos yo no lo creo.
Aclaremos lo más importante, PROMESA
es un acrónimo de “Puerto Rico’s Oversight Managment Economic Stability Act”.
Entonces mi primera duda, si un
organismo de poder como PROMESA, que “promete” manejar y estabilizar, llega a un
país a asumir responsabilidades y la toma de decisiones medulares remplazando
de alguna manera la autonomía y poder del Gobierno actual… ¿no es esto un tipo
de “Golpe de Estado”?
Y si es un Golpe de Estado,
¿porqué la gente no está más indignada? Y no me refiero al campamento de la
Chardón ni el día de la barricada y el “pepper spray”, que es un buen esfuerzo
independientemente de los señalamientos que le han hecho. Me refiero a una
indignación masiva como País, como cuando cientos de personas ocupamos la
avenida Piñero y nos sentamos en el pavimento en acto de desobediencia cuando
la huelga de la UPI. Pero por el momento sólo protestan un grupito de
“subversivos” porque aparentemente, si me dejo llevar por la gente con la que
he hablado, la mayoría del pueblo no tiene ni la más mínima idea del alcance de
este organismo ni de la Ley que lo creó. Y pues, no se pueden indignar por algo
que no conocen y no entienden. Y ahí viene la inercia social.
La mayoría de la gente aún tiene
dudas sobre este tema pese a los esfuerzos de la prensa, comentaristas,
comunicadores y los blogueros de hacer “breakdowns” y ruido sobre el tema para
explicarlo de 8 mil maneras distintas. Pero la verdad, es un tema denso, está
hecho como para confundir. Y no es menos cierto que el vocabulario que se usa
en mucha de esta cobertura mediática es uno ambiguo y más confuso aún. Por
ejemplo, dicen que la Junta va a “recomendar” esto y aquello. “Recomendar”. Y
uno dice, “a bueno pues cool, nos van a orientar y recomendar soluciones para
el meollo”. Pero luego más abajo te espetan el detallito de que si el Gobierno
no cumple con las “recomendaciones” viene el debacle Universal. Y esto
confunde, tienen toda la razón.
Pero también hay muchas personas
con las que me he encontrado y de otras que me han contado que están de acuerdo
con la Junta. Porque la línea de pensamiento es “bueno que nos pase” porque
nosotros mismos nos metimos en este revulú eligiendo a políticos corruptos. Y
piensan “pues mejor que vengan otros a arreglarlo porque evidentemente nosotros
lo que hacemos es empeorarlo cada cuatro años”.
Quizás me vería tentada por
satanás a estar de acuerdo con este razonamiento. Y digo quizás porque para yo
caer de ese lado de la hamaca tendría que haber una Junta diversa, inclusiva y
representada por todos los sectores que velan por el desarrollo económico del
País. No sólo economistas y banqueros. Que eso está “nice” porque el problema
es de “chavos” pero la economía de un país se puede levantar de otras formas,
no sólo cortando de aquí y de allá. Tampoco estoy de acuerdo en este poder
“omnipotente” que le han dado a estas 7 personas ni la inmunidad que tienen. Y mucho menos que haya sido impuesta por los
gringos que no tienen ni la más mínima idea de cómo se bate el cobre en Borinquen
bella. Y el escritor Eduardo Lalo lo explicó muy bien en un mensaje que dio
hace poco; “no se puede confundir la cuenta bancaria personal con el desarrollo
de una sociedad”. No, not, nee, não,
niet, nein… qué se yo, el punto es que NO, no se puede, en el idioma que
quieran.
Además, y esto es lo más que me
ronca los ovarios, ¿Cómo es posible que como parte de la “Junta Milagrosa” se
encuentren responsables de parte de la deuda misma. ¡Y encima, le dan
inmunidad! “Oh beibi yizus…!!!!!!” Y no es sólo uno, ya pronto le seguirán
sacando trapos sucios a los demás. Porque estarán inmunes ante la ley pero el
Internet es chota y nadie se escapa. Hasta la Matosantos se fue enredá’ con su
foto del DUI. Porque este modelo de Junta lo han hecho en otros Estados, pero
con estas joyitas que nos pusieron, Obama botó la bola fuera del paqrue. Es
más, la bola llegó a Júpiter.
En estos días estuve en la
Convención del Colegio de Abogados cuando el juez federal, Juan R. Torruella,
de tendencia anexionista, catalogó a la Junta de superflua, irrelevante y que
“representa el acto mas denigrante despectivo y anticolonial que se haya visto
en toda nuestra relación con Estados Unidos”. Y para que mi quijada cayera más
cerca al piso, instó a crear un movimiento de resistencia civil.
Para que un pro-pecosa incite a
la resistencia en contra de una ley impuesta por los gringos, la olla de grillo
explotó como bomba nuclear y se acerca el apocalipsis. Y así mismo es mi gente,
esto es denigrante. Aunque piensen que nos lo merecemos por “votamos por los
mismos”, ningún país se merece ser manoseado por extraños. Además, el que esté
libre de pecado, que tire la primera piedra. Todos los países son pecadores y
peor, son los primeros en tirarle peñones a los demás.
Aquí nos están tratando como el
adolescente rebelde e irresponsable que le roba los chavos de la cartera a la
mai’ y lo mandan para un reformatorio. Y saben qué, eso mismo hemos sido.
Perate, hemos no, pal carajo, yo no voy a seguir asumiendo una culpa que no es
mía. Yo no vendí bonos, ni trukié contratos ni vivo con escoltas pagadas por
ti. Negativo. Esta deuda no es mía. Mis deudas son las tarjetas de Rooms to Go
y de Mueblerías Berríos. Ya. Esto de la junta me tiene preocupá, sí, pero me
tiene “jalta”, “cansá”. Esto es un bollete y un dolor de cabeza. Y lo peor es
que estamos pagando justos por pecadores.
Es como dijo Eduardo Lalo: “no
vale decir que esto es lo que quieren los puertorriqueños porque la decisión no
es y nunca ha sido nuestra”.
“Dale Juana con la matraca”. Ese es
el dicho que me viene a la mente en estos días. Vivimos entre queja y queja
TODOS LOS DÍAS. Y muchas veces ni nos damos cuenta porque ya lo hacemos en
piloto automático. Quejarse ya es como lavarse los dientes. Yo misma me he
agarrado quejándome hasta cansar. Es más, este escrito completo será una
descarga y una queja. Que si la cosa está mala, que si el país está jodío, que
si el gobierno es corrupto, que si pa’qui, que si pa’lla. Y la verdad, ya estoy
hasta la zereta (y no tengo idea de cómo se escribe esa palabra.)
Y no es menos cierto que cada
día el País y la vida me patean el trasero, lo que me da pie y motivos de
queja. La última fue que me robaron la cartera y el celular. Literalmente
metieron la mano en mi cartera y sacaron mi “wallet” y mi celular. En el
supermercado. A las 10:00am. Si, así como lo leen. Esa era la gota que me
faltaba para colmar la puñetera copa, llena de tantos encojonamientos y malos
ratos que se pasa en estos tiempos, en este País.
Y permítame hacer dos
aclaraciones. En este escrito encontrarán palabras directas porque traté de
pensar en alternativas intelectuales pero no hay otra forma más clara de decir:
“esto está cabrón”. Y también quiero hacer hincapié en que soy consiente que,
en general, en el Caribe el quejarse es común. Conozco bastante bien a Cuba y a
Dominicana y se quejan igual. Pero dado a que Puerto Rico es mi país y donde
vivo actualmente, me concentraré en esta Antilla Mayor.
En estos días, haciendo
gestiones para recuperar mis tarjetas robadas me di cuenta de todo lo que nos
quejamos. Me tuve que chupar horas de filas con gente quejándose. Y la verdad
no es fácil. Me tomó tres días sacar mi licencia porque tuve que hacer tantas
filas y me mandaron para tantos lados que no era, que el proceso fue eterno.
¿Quién no se queja cuando va a un CESCO? ¿O a Hacienda? Hello, obvio que van a
llover las quejas. Colectivamente nos quejamos tanto que podemos tapar una
tubería como la que se atascó de condones en la Villa Centroamericana en
Mayagüez 2010.Y si no vieron esa
portada del periódico, son demasiado jóvenes para leer esto.
¿Y cuál es la alternativa a la
queja? ¿“Yo no me quito”? I don’t think so. En este caso el “reverse
psychology” no funciona conmigo. No es que no quiera ser positiva o ver el vaso
medio lleno en vez de medio vacío. Es que mi vaso lo que pide es un Malibú con
china pa’ bajar el estrés. No podemos seguir viviendo la mentira. Alguna vez
fuimos la “Isla del Encanto”… alguna vez. Ya siento que eso no es real. No me
tomen a mal, yo amo Puerto Rico. Para mi, esta es mi patria, mi isla, mi todo, mi primer
amor. Adoro mi bandera, el calor, las montañas, las palmas, el cielo azul... Pero me ahoga el pensar que nos van a imponer una Junta que decidirá el
destino de la Isla, sea o no encantadora. Eso es como si te mandaran a rehabilitación
y te asignaran un tutor que tome las decisiones por ti. No es mucho más que eso
mismo. Y como bien lo dijo la oficial que está investigando el caso de mi cartera: "Ya esto es mucho con demasiao'".
Creo que sufrimos el síndrome de
la mujer maltratada. Mientras más nos jode el país, los políticos y la
burocracia, más decimos “él va a cambiar”, “él no es así”, “fue mi culpa”, “es
que no puedo vivir sin él”… Ay mira “polfavol”. Al pan, pan. Y al vino, coca
cola.
Jamás pensé que iba a sentirme así. He tenido
momentos en el pasado en que he pensado mudarme de País. ¿Quién no? Pero para estudios o por
aventurar. No obstante, este año, cada día que pasa, lo siento más cerca. Y me
duele, me duele en el alma. Porque yo no me quiero ir. Yo quiero enrollarme las
mangas y meter mano. De verdad que sí. El que me conoce sabe que sí.
Pero ya no me levanto con las
mismas ganas. Ya no lucho por las cosas con el mismo gusto. Y mira que yo me he
jodío por este País, por la cultura, por la educación, por las comunidades…
Pero ya no importa cuán positiva trato de estar, las decisiones de los “otros”
en el poder van a afectar mi día, van a afectar mi humor. Entonces ando por la
vida con cara larga, encojoná con el mundo.
No sé pa’ dónde irme, la verdad
no he buscado todavía en Kayak.com. Pero la cruda realidad es que en este País,
en estos momentos, a mi generación, la generación de jóvenes profesionales se
nos niega la posibilidad de trabajo seguro, con buena paga y beneficios. Gente
como yo, con preparación a nivel graduado tienen que tener cuatro part-times
“to make ends meet”. Y al final del mes, ni eso da pa’ pagar las cuentas. Son
pocos los que tienen la suerte de pegarse con un “guiso” fijo. Y ¿entonces?
¿Qué se supone que uno haga? ¿Aguantar los golpes “porque él no es así o él no
lo quiso hacer”?
Probablemente muchos otros
países estén igual o peor. Pero cuando no hay más fondo que tocar, uno empieza
a buscar otras alternativas y se tira la maroma de intentarlo porque REALMENTE
no tienes nada que perder.
Y por eso nos quejamos, porque
ya no tenemos nada que perder pues hemos perdido hasta la esperanza. Nuestro
destino cuelga en las manos de un corillo nombrados por los gringos, dos
partidos locales que ya se han robado los clavos de la cruz y las joyas de la
Corona; y dos perlas como candidatos a presidir el País que al final, toma las
decisiones por nosotros.
Entonces, ¿cómo carajo no me voy
a quejar? Y sí, me canso de la queja. Quiero cambiar de canal y no criticar
tanto, no lloriquear tanto. De ponerme el cuero duro y aguantar los golpes.
Pero eso cansa más.
Se avecinan unos meses para los
que hay que prepararse como uno se prepara para un huracán. No hay forma de
saber qué nos espera en el 2017. Mano, la verdad es que “we can’t catch a
brake”.
Y mientras tanto, ¿qué nos
queda? Virar la cara y poner la otra mejilla porque la que tenemos puesta ya
está colora’.
"Stay strong people". Y si tienen que quejarse para desahogarse... hágalo, pero no llegue hasta el cansancio. Los demás no siempre tienen la culpa.
Me
provoca un meollo mental escuchar lo de #yonomequito. Estuve leyendo en la
moderna enciclopedia de “gugol” y lo que hay es un “tirijala” de que si me
quito o no me quito o me quité o me voy a quitar. Hay más de una decena de
blogs y reseñas noticiosas con comentarios sobre el tema. No
quisiera ser una bloguera más en este ring de boxeo moral porque la verdad no
quiero que me caigan los “chinches”. Pero al César lo que es del César y sí
quisiera compartir mi humilde opinión.
La
campaña del #yonomequito empezó temprano este año con una idea chulita de "pompiar" a la gente a echar pa’ lante. Y eso está cool, pero en 3, 2, 1, se
formó la de San Quintín. Porque por alguna razón ligaron la campaña a una
crítica de los que se “quitaron” porque se fueron de la Isla. A mi también me
llevó la marea del debate y la desinformación y estuve indignada por un tiempo.
Pero para escribir esto me estuve informando mejor, práctica que deberíamos
hacer todos, y la verdad es que esa gente del #yonomequito no mencionan ni por los
centros espiritistas a la gente que se ha ido de Puerto Rico. ¡En ningún sitio
mi gente! Entren a sus páginas y redes, y verán. Quizás fue un mal manejo de la
campaña en sus comienzos, porque la verdad esa era la impresión que daba. Pero
según le van dando forma, cada vez más se aleja de esa línea.
La página oficial explica que “#yonomequito es
la historia de muchas personas que a través de su vida han tenido que manejar
situaciones y oportunidades que los definen”. He incluyen historias de vida de
gente que se está superando ante la crisis, incluyendo videos de
puertorriqueños en la diáspora que se están reinventando.
El que me conoce sabe que la palabra "reinventar" la
tomo con cautela. Por más de un año fui la periodista responsable por la
sección Puerto Rico se Reinventa de El Nuevo Día que se publicaba todos los
lunes. Aquella sección comenzó en el 2009 en respuesta a la Ley 7 y los más de 7,000
despidos bajo la administración de Fortuño. El periódico quería reseñar las
historias de quienes habían perdido su empleo y se estaban reinventando en
medio de la crisis. Y para adornarlo, incluíamos “flotantes”, como le decía mi
editora, con herramientas para la gente como consejos para manejar las
quiebras, hacer un resume, preparase para una entrevista y por ahí sigue la
lista. Por eso este debate de la “quitadera” se me hace tan familiar y me
llega. Porque es como un “Déjà vu”, otra crisis más donde la gente tiene que buscárselas,
reinventarse, echar pa’ lante y no “quitarse”.
Claro, hace más de 7 años no había la
ola de emigración que hay ahora. Mudarse de país no era la primera alternativa.
Las opciones de la gente, en aquel momento, era abrir su negocio, buscar
trabajo… eso en los mejores casos, porque hubo de todo, hasta la alta
incidencia de suicidios, en su mayoría hombres mayores de 40 años que perdieron
su trabajo y no podían proveer a su familia. Si “my darlings”, eso pasó,
busquen las estadísticas.
Entonces, aquí estamos, más de 7 años después en el mismo
roto. Otra crisis, otra necesidad de buscar formas para motivar a la gente.
Pero estos temas son muy delicados y tocan algunas fibras. Por ejemplo, en el
blog “El Profe”, el periodista y profesor Héctor Pérez comenta sobre este debate
y dice: “Lo siento, pero veo este movimiento como uno de odio
para el que no tiene otros recursos y quiere irse a darle lo mejor a su
familia. Hagamos una mejor campaña, “yo te daré trabajo” y veremos cuantos se
unen. Así veremos cómo la gente se motiva a quedarse y trabajar por su país.”
En parte, no puedo evitar coincidir
con él por varias razones. Aunque la campaña haya sido diseñada con buenas
intenciones, le dio tela para cortar a los “haters”, y la gente ha usado esta
frase como gancho para discriminar, juzgar y meterle el dedo en la llaga a los
que se han tenido que ir “por X o Y razón.” Y es que muy bien lo dijo Gabriel
García Márquez: “Los puertorriqueñoscuando discuten, no dicen: No estoy de
acuerdo contigo sino ¡Estas completamente equivocado!”Y eso es lo que pasa con
este debate del me quito o no.
Un post que me tocó, fue de un amigo
que fue aceptado en una Universidad de Estados Unidos para estudiar “bussiness”.
Y comentó que le habían acusado por “inbox” de haber abandonado su país en el
momento más crítico. Y yo me pregunto, ¿es abandono si me voy afuera para
prepárame mejor? ¿No me hace eso un mejor recurso dentro o fuera del País? ¿No
me sirve eso para ayudar a mi País desde donde esté?
Mis dos mejores amigas se fueron hace
varios años y por distintas razones. Una anda por Miami y la otra por
Washington. A ambas les va muy bien. Son “jevas” preparadas, inteligentes, talentosas
y representativas de la mujer puertorriqueña luchadora. La de Miami sale a cada
rato en la prensa internacional y ¿cómo la presentan? Como la “actriz PUERTORRIQUEÑA”.
Y la de Washington, ¿qué hace en su tiempo libre? Asociarse a organizaciones
sin fines de lucro creadas porPUERTORRIQUEÑOS de la diáspora que se proponen
crear proyectos para ayudar a Puerto Rico en áreas como la educación. Sí, “my
people”, sí. No todos los puertorriqueños que se van le dan “delete” al País. Pero
vamos, hay de todo y yo lo sé. No me quiero ir de un lado ni del otro.
“By the way”, si lo queremos traer a
los “trending topics”, dígame, ¿dónde vive Mónica Puig? En Florida amigos, en
la DIÁSPORA. Sin embargo representa a su patria más que muchos de los que
supuestamente “no se quitan” y están aquí en la Isla mirando el techo y
criticando el sal pa’ fuera que tenemos. Y se ganó el oro mi pana, ¿pa’ quién?
Pa’ Puerto Rico.
¿Seguimos un poquito más pa’ lla?
Ricky Martin y Calle 13, ¿dónde viven? En San Sebastián del Pepino no es
cariño. Viven fuera de la Isla, son de la DIÁSPORA. Y ¿saben qué? Son boricuas
de pura cepa, de los que seguramente tienen que poner una musiquita con
soniditos de coquí para poder dormir bien. Y los conocen hasta en la luna como
puertorriqueños, sí, PUERTORRIQUEÑOS.
Y ‘perate, que no es que todo es verde
al otro lado, no mijo, si yo sé que la vida en los “Ejtado Junidos” no está
fácil, I know it. Y en otras partes del mundo también, porque el Norte no es la
única alternativa a donde irse. La vida es cara, hay psicópatas, asesinos en
serie, explotan bombas y les gusta la guerra. Eso está claro. Pero mano, el que
se va, por algo es, no lo podemos juzgar. Si aquí ganan $1,000 al mes y en otro
lugar $2,000 o más… pues, se van, ¿qué quieren? Muchos tienen bocas que
alimentar. Otros se van para crecer profesionalmente, porque persiguen un
sueño, porque van a probar suerte o porque simplemente están cansados de este
revulú. Hasta yo estoy “jaltita de odio” de este estatus quo, de saber que se gastaron 25 millones de dólares en las elecciones por gusto, porque de
todas formas viene una PROMESA, y no es de Reyes.
No podemos asumir frases como “pues,
el que se quiera ir que se vaya, los que nos quedamos sí vamos a echar pa’ lante el País”.
No, no, no compañeros, no. Eso no es así. Todos los puertorriqueños, TODOS,
desde donde quiera que estén están haciendo patria a su manera, así sea de
conserje en una escuela en Ohio. Y si no les va bien, pues, regresan. Yo tengo panas
que les ha pasado eso, se fueron, lo intentaron, no funcionó y aquí están de
nuevo. ¿Como perdedores? No mi hermano, como luchadores resilientes, porque
“donde se resbala un boricua, se escocota un mono”.
Yo no me quito, nunca me voy a quitar
porque Puerto Rico es mi primer amor. Pero si llegase el día en que me tuviese
que ir, por la razón que sea, nunca dejaré de tener mi mancha de plátano y ¡ay!
del que me diga que me quité.
“Pies para qué los quiero”… para
caminar hacia el futuro:
Crónica de un día con niños que
necesitan “alas para volar”
Por Viviana Torres Mestey
Estoy sentada mirando en el
celular las fotos de una charla que ofrecí en una escuela este verano. En una
de ellas, abrazo a una niña que sonríe y me sujeta muy fuerte. Sus ojos color
café miran fijamente a la cámara, apoya su cabeza en mi hombro y sonríe. No sé
cuántas veces al día realmente sonreirá de la manera que lo hizo conmigo. No
puedo publicar su foto. ¿Por qué? Es una niña maltratada, con padres
drogadictos y removida de su hogar por el Departamento de la Familia. Ahora
vive con sus abuelos, pero ¿realmente será feliz en esta corta y dura vida que
le ha tocado vivir?
Esa chica que me abraza en la foto
es parte de un grupo de niños con situaciones difíciles y extremas que forman
parte de un programa de verano de tutorías. Su maestra me vio en televisión
hace unas semanas y me contactó por el maravilloso mundo de Facebook para
preguntarme si podía visitarlos y hablarles de la importancia de estudiar para
lograr sus metas. Dije que sí, sin saber cuánto me tocaría esta experiencia en
mi vida y mi corazón.
Al teléfono, le pregunté las
edades y tipo de estudiantes que eran para poder preparar la charla. “Pues, son
niños maltratados, que han sido violados, sodomizados, autistas, casos de
acoso, padres drogadictos, que sus tutores son abuelos muy mayores que no
pueden criarlos bien, muchos no saben leer, algunos han sufrido tanto que
tartamudean, con padres irresponsables y tienen problemas de autoestima. Tengo
niños desde los 4 años. Pero es para que le hables a los más grandecitos, los
de 8 años hasta 13 años, más o menos”. Creo que quedé muda unos segundos.
Violación, maltrato, acoso… desde los 4 años. Aún aturdida dije que sí a la
invitación y separamos la fecha.
Llegué a la escuela el día
acordado y estaba desierta, todas las puertas y portones cerrados, nadie en los
pasillos, cero risas ni voces de niños. Continué caminando y llamé a la maestra
a su celular. Al fondo del pasillo escuché la voz de ella que dijo “shhhhh que
Viviana me está llamando”. Abrió la puerta de uno de los salones que parecía
cerrado y todos los niños gritaron a la vez “¡Hola Viviana!”. Me sorprendí, no
pensé que me estaban esperando con tantas ansias.
Y es que ver a alguien de “afuera”
que los visite les provoca una gran alegría. Como la identidad de los niños
debe ser protegida, entiéndase que no pueden salir en fotos ni ser vistos en
público, pues no pueden salir de gira ni pasear. Están destinados a quedarse en
el salón, esperando que los visite alguien para hacer algo diferente. Pero el
proyecto “no tiene dinero” para traer recursos externos. Apenas cuentan con dos
o tres maestros y los voluntarios que quieran ayudar con algunas charlas y
talleres… como me tocó a mi. La maestra me dice que tocó muchas puertas para
buscar recursos que le fueran a leer cuentos a los niños; sacerdotes,
periodistas, figuras públicas. Y ninguno podía porque cobraban por la visita o no
tenían tiempo.
Tiempo… ¡la importancia de sacar
tiempo! Bueno, pasaron el grupo al pasillo mientras yo montaba la computadora y
el proyector. Me dejaron dos ayudantes como de 7 u 8 años cada uno. No sé sus
historias exactamente. Quizás golpeados, quizás abandonados… no me atreví a
preguntarles. Luego, hablando con la maestra me enteré que son de padres
alcohólicos, con hogares bien violentos y sus madres maltratadas. “Misi,
¿borramos la pizarra?”. “Sí, vamos a ver unos videos proyectados ahí”,
contesté. Se movieron rápido, me trajeron sillas, extensiones eléctricas, me
ayudaron con el proyector y me dijeron cuál marcador de la pizarra servía por
si quería escribir algo.
Mandé a buscar con ellos al
resto del grupo. Antes que llegaran, el más grande de todos, quizás de 13 años,
entró con una bolsita de regalo. “Misi, esto es para usted. Por venir a hablar
con nosotros y porque la queremos mucho”. A mi… me quieren mucho... a mi. No
les había hablado aún, y ya me querían. La maestra luego me dijo que ese niño
en particular viene de un hogar con una madre irresponsable que no le importa
ni él ni su hermana. Obviamente, busca amor. Y a mi… ya me quería.
Tragué profundo y le di las
gracias al chico por el regalo. Otra niña entró y extendió sus manos abiertas
con un grupito de florecitas de una planta de Cruz de Marta que había en el
patio. “Toma misi, para ti”. “¿Para mi? ¡Gracias! Las voy a guardar porque son
especiales”, le dije. ¿Cómo iba a aguantar una charla de una hora sin llorar?
Esa era la pregunta en mi cabeza.
Llegó el resto del grupo. Les
hablé de la compañía de teatro, les mostré un video y fotos de las obras que
hemos hecho, de los países que hemos visitado, y le enseñé mis trabajos
fotográficos. Le dije que llegar al éxito no es fácil, que hay que trabajar
duro para lograr los sueños e intenté sutilmente de incitarlos a que expresaran
sus sentimientos a través del arte y de la fotografía (aunque de inmediato me
cuestioné si esos niños tan siquiera tenían una cámara o un celular.)
Así mismo, creo que cometí otros
errores que rápido traté de corregir. Por ejemplo, mencioné la importancia de
la familia, y luego recordaba que muchos ya no viven con sus padres porque les
hacían daño. Ahí cambié de tema rápido, pero sé que divagué en ocasiones buscando
las palabras correctas para hablarle a esos niños que tanto han sufrido, pero
sin ofenderlos ni levantar pasiones. Entonces les hablé del “bullying”. Todos
reaccionaron. Eso sí sabían que era.
La maestra me comentó más tarde que
allí había víctimas de “bullying” y también había “bullies”. En especial una niña
que me señaló discretamente. Pero esa niña, según me contó en confidencia, fue
violada en repetidas ocasiones por su padrastro y su mamá tenía conocimiento. No
obstante, como no quería perder a su pareja, no hizo nada. Además, vive en un
barrio donde su familia no puede pasar de cierto punto porque están amenazados
de muerte y si los ven, los matan. ¡Claro que la niña es “bully”! ¡¿Qué más
podría ser con todo el coraje que debe llevar por dentro?! Nuevamente, tragué
profundo.
Continué la charla
preguntándoles que querían ser cuando grandes. Tuve que acercarme a cada uno
que hablaba porque ninguno se atrevió a subir la voz. Con miedo, me contestaban
susurrando casi. Me dijeron que querían ser dentistas, veterinarios, doctores,
policías, bomberos, artistas, dueños de pizzerías… y una chiquita, desgreñada y
con carita tímida, casi en secreto me dijo “yo quiero ser como tú”.
Aguanté las
lágrimas, no podía llorar allí. Estoy segura de que ellos no entenderían
porqué.
Más tarde esa noche estuve
hablando con una amiga que trabaja en el sistema, en la parte de coordinar los
hogares de crianzas y manejar los casos de niños removidos, y me dijo: “lo que
pasa es que tú fuiste con amor y eso es lo que hace falta. Es lo que no conocen
y lo que no les va a dar nadie… Esto es un trabajo bien duro y frustrante. Son
muy pocos empleados y el trabajo es abrumador. Hay mucha gente quemada que
perdió la ilusión.”
El otro problema, según
coincidieron tanto la maestra como mi amiga, es que los remueven muchas veces a
hogares donde igual los maltratan y los tienen sólo por recibir la pensión que
les da el Gobierno. Entonces, esas familias cogen a 4 y 5 niños a la vez,
cobran por ellos y no los atienden.
El caso es que terminé la charla
y otra niña se me acercó con una libretita pequeña color rosada y me preguntó, “¿me
podrías dar tu autógrafo? Llevo rato por preguntarte pero no me atrevía”. “Por
supuesto”, contesté. De momento, el grupo entero le pidió a la niña papel de su
libreta y todos se me lanzaron arriba pidiendo mi autógrafo con las páginas
rotas y arrugadas; y otros con cualquier papel en blanco que consiguieron en el
salón. Les escribí a todos mi firma, y debajo añadí “Nunca dejes de soñar”,
seguido de una carita feliz =)
“Misi pero yo quiero una foto
con usted”, pedían. “Es que no se puede”, contestó la maestra. Y entonces sugerí:
“bueno, vamos a venir al centro y todos vamos a poner nuestros pies juntos en
un círculo. Porque son nuestros pies los que nos van a llevar por el camino de
la vida y con los que vamos a caminar hacia nuestras metas y sueños. Son
nuestros pies los que nos van a mantener como los árboles, sin importar las
cosas que nos pasen. Seguiremos siempre en pie.” Todos se juntaron y tomamos una
foto de nuestros pies. Mientras escribo esto reviso la foto. Veo sus piececitos
y pienso… ojalá esos pies los lleven de verdad a ser doctores, dentistas,
policías y bomberos. Que esos pies los lleven caminando lejos de sus
maltratantes y violadores. Que esos pies los mantengan firmes y no caigan en
drogas ni delincuencia.
Me viene Rubén Blades a la mente
“Si yo he vivido parao, ¡ay! que me entierren parao... La vida me ha restregao,
pero jamás me ha planchao, en la buena y en la mala voy con los dientes pelaos.
Sonriendo y de pie, siempre parao. Las desgracias hacen fuerte al sentimiento, se
asimila cada golpe que he aguantao’…”
Ay Rubén, esto cae como anillo
al dedo. Bueno, pues la maestra, para complacerlos, les permitió una foto de
grupo conmigo. Pero todos ellos de espalda señalándome mientras yo miraba a
cámara. Esos deditos apuntándome me hicieron sentir responsable. Responsable de
decir algo, de escribir lo que hoy escribo. Nos tomamos la foto. Y aunque en
cámara sólo se ven sus espaldas, yo, que los tenía de frente, les puedo decir
que estaban sonriendo.
Le contaba a mi amiga en la
noche de esa responsabilidad que sentí. Y me contestó que “es un panorama muy
complejo. Lo mejor que se puede hacer para cambiar el mundo es usar el modelaje
y enseñarle a la gente que sí, es tu responsabilidad, es responsabilidad de
todos nosotros. Hace falta que la gente se involucre, aunque sea un chispito.”
Y hablando un rato concluimos: ¿cómo? Dona tiempo, dona libros, ofrece espacios
para que grupos den talleres, ayuda a conseguir equipos y materiales. Como dice
mi amiga, “haz lo que sabes hacer”. La más mínima tontería, ayuda. Incluso la
maestra tuvo la idea de que se les podía hacer una mochilita para fin del curso
de verano, que incluyera un libro, una muda de ropa y unas cuantas cosas más.
Pero no, para eso no hay dinero. Y se fueron sin su mochilita.
Es frustrante, la verdad. Volviendo
a la charla, al terminar los niños me pidieron el número de la compañía,
¡quieren hacer teatro! Les dije que tendremos audiciones en agosto para una
competencia de monólogos, y que si llamaban y decían el nombre de la escuela
del campamento les daríamos una beca. Sí, los becaré a todos si llaman. Pero
muy dentro de mi pensé que quienes deben llamar y llevarlos a la audición son
sus padres y encargados. Esos niños apenas van peinados, bien vestidos y
arreglados a clase. Esos padres o encargados no van a llamar, pensé. Y sentí un
dolor profundo. Aún así les di el teléfono y toda nuestra información de
contacto.
Me despidieron efusivamente y se
dispusieron a merendar. Me quedé unos minutos hablando con la maestra. “Misi,
tengo hambre”, dijo una niña con el cabello agarrado en dos rabitos. “Toma de mis
galletas”, le contestó otra. “Es que los mandan sin meriendas”, me explicó la
maestra. “Y a nosotros no nos dan presupuesto para traerles nada. A penas llega
el almuerzo, a veces tarde y lo que haya”, me contó. El viernes pasado los
propios maestros hicieron una colecta y les compraron pizza. Muchos nunca
habían comido pizza, ni han ido al cine, ni saben lo que es Chilli’s, ni jamás
han sentido la arena de la playa bajo sus pies. Viven en el anonimato, con
miedo a que les vuelvan a hacer daño.
Cuando esa maestra en particular
recibió la llamada para que trabajara en ese proyecto le dijeron: “Pues, son
nenes que están colgao’s en sus materias y es para repasar con ellos y ya”. Y
ya… No le dieron libros, papel, crayolas, pinturas, NADA. Tuvo la maestra que
ir al salón donde regularmente da clases en el semestre y traer de sus propios
materiales para poderles hacer actividades entretenidas a los niños. Y no sólo
le ha tocado este tipo de población en el campamento, me cuenta que en sus
grupos regulares tuvo hasta un niño que su papá está preso y su mamá lo vendió
por drogas. Droga, el precio de un niño… Alguien me puede explicar esto, porque
la verdad mi cabeza no me permite asimilarlo.
Ese día, en aquella charla,
ellos no querían que me fuera, me decían “te quiero”, me abrazaron hasta que me
tuve que ir ya porque necesitaba llegar a mi carro y llorar. Lloré de
impotencia. El sistema los tiene ahí en esa escuela, haciendo nada. Muchos
obligados por sus encargados porque no quieren bregar con ellos en verano. No
les dan dinero para materiales ni ayudas… y probablemente detrás de este
“proyecto” debe haber una compañía de esas “tutorías” haciéndose ricos con los
fondos públicos que tú y yo pagamos. Mientras, esos niños buscan amor y
atención hasta de los extraños que les muestren un poco de compasión y de las
figuras que tienen como ejemplo en estos momentos. Como esa maestra que me
llamó. Ella me asegura “somos voces no escuchadas, somos los que trabajamos con
los niños y no nos escuchan.” Aunque quieran hacer más, tienen las manos
atadas.
En unos días se acabaría ese “campamento”
y esos niños volverán a sus casas, a sus ambientes hostiles, a su falta de
cariño. Y seguirán sus vidas en el anonimato. Perderé contacto con ellos pues
hay que mantener su identidad protegida… “por su bien”. Y yo, ¿qué puedo hacer?
Mi amiga me regañó esa noche. “¿Cómo que qué puedes hacer? Lo que estás
haciendo. Lo que te toca hacer. Eso es hacer algo.”
Al día siguiente hablé con la
maestra nuevamente. Me contó que los niños habían quedado impactados por mi
visita y que dijeron que yo era “bien linda y que parecía una mamá pero jovencita”.
Y que hicieron una promesa después que yo me fui: que leerían más y que
cambiarían la historia de su vida caminando sobre sus pies bien dirigidos y
bien enfocados.
De ese día sólo me quedan las
fotos. Ese “selfie” con la niña de los ojos color café, un grupo de niños
apuntándome con sus deditos, y los pies… ay los pies que los llevarán por la
vida.
Guardaré esas fotos como
recuerdo del sufrimiento de los niños por un sistema corrupto y deficiente. Mientras,
canto con Blades: “Aunque me haya equivocao, aunque me hayan señalao, yo sigo
parao, corriendo y de pie. Vivo parao, dando gracias por las cosas que la ruta
me he encontrao, sigo parao. Siempre parao.”
Fotos tomadas de Google y algunas tomadas en la charla.Video de Rubén Blades tomado de YouTube.