lunes, 6 de agosto de 2012

Puerto Rico en Shock


La universidad pública está siendo atacada lenta y sigilosamente con tácticas sutiles y bien pensadas. Notorios casos como el de Lorenzo y Carmen Paredes parecen quedar en el aire si los agresores son “intocables”. Los políticos regalan donas, discriminan por Twitter, buscan tesoros perdidos, se toman fotos “esnu’s”, roban la luz y apuntan dedos para culpar a todos menos a sí mismos por los desastres del país. Mientras, el pueblo vive una guerra silente en la calle esquivando balas, encerrándose y leyendo los titulares de un País que en evidencia está siendo víctima de la Doctrina del Shock.
La Doctrina del Shock es una táctica traída de la medicina siquiátrica que es aplicable a los países y fue implementado por gobiernos y dictaduras en distintos momentos de la historia. De acuerdo con el documental La Doctrina del Shock de Naomi Klein, “El shock borra el pasado, hace olvidar, somete hacia el miedo, designa la indefensión y la resignación ante el sufrimiento”.
Entre otras cosas, esta doctrina busca reducir el gasto público (como cesantear más de 10mil empleados del gobierno) y eliminar las restricciones del mercado (como salvaguardar a ciertas empresas de los pagos de impuestos). Haciendo esto, entiende que “la economía se corregirá a sí misma”. Así, como por arte de magia con una palmadita y algunas palabras mágicas.
Lo hizo Augusto Pinochet en Chile, lo hizo Margaret Thatcher en Inglaterra, lo hizo Boris Yelstin en Rusia y siento últimamente que lo están haciendo en mi Isla también pues estamos viviendo cambios que nos empujan un poquito más cada día hacia un shock que nos deja inertes ante las desgracias de nuestra tierra.
Uno de los efectos principales de esta doctrina, el miedo, se relaciona con la adaptación del ser humano. El miedo nos hace cobrar conciencia de lo difícil que pueda ser una situación. Y el resultado de esa conclusión es un escape o un enfrentamiento como reacción. Sin duda, el miedo es una de las grandes herramientas de manipulación política que, en efecto, nos hace querer escapar o enfrentarlo, a medias.
¿No es acaso el miedo lo que ha cambiado las medidas de seguridad en los aeropuertos tras el 9/11 y nos “paniquea” ver a alguien en una burka o facciones árabes en un avión? Y si ocurriera un ataque terrorista en un centro comercial o en un tren, ¿no tendríamos acaso miedo de regresar a nuestros haberes habituales en estos lugares?
Nos pasa aquí en varias maneras. Por ejemplo: ¿Quién confía en la policía al 100% después de casos como el de Cáseres y el de la doñita de Guaynabo los otros días? ¿Qué es el voto de castigo sino un voto por miedo al que el incumbente siga jodiendo la Isla más?
Es el miedo el que lleva a comerciantes puertorriqueños a ir a su trabajo con un chaleco anti-balas, y a civiles considerar comprase armas para protección. Es el miedo lo que nos lleva también a tomar precauciones, y a llevar hasta pepper spray en las carteras.
Sin duda, Puerto Rico vive la era del miedo, aunque muchos opten por ignorarlo. Los adolescentes, por ejemplo, viven ajenos a una realidad en la que se encuentran inmersos sin saberlo. Sobre todo la clase acomodada, los “guaynabichos” que piensan estar aislados del crimen que le sucede a los “pobres” y “drogadictos”.
Los más ignorantes del miedo son estos jóvenes influenciados en demasía por programas televisivos importados y estilos de vida irreales, con nuevos lenguajes como el OMG y LOL.  Pues: “OMG, como que no se dan cuenta, o sea,  que las balas como que, alcanzan a como que, a bailarines, doctores,  o sea, comerciantes, policías y a sus iguales como Stefano.  ¡GASP!”  Son una generación que parecen resistirse al shock, al miedo, y continúan probando, experimentando, y retando lo efímero de la vida.
Otros que parecen no padecer de miedo son los mismos jóvenes del otro lado de la cadena social. Los que no le temen a entrar en negocios dudosos de droga por ganarse unos cuantos billetes, los que no creen que seguir la universidad les es útil, los que le han perdido el respeto a la vida, y los que le sacan el dedo a las cámaras sin miedo y terminan en un Billboard a la vista de un pueblo indignado.
Pero no se les puede culpar, porque son una generación que está creciendo en un país que no les reta ni les exige. No importa que no terminen la universidad, siempre habrá un McDonalds que “solicite empleados”. No importa que roben, si “el gobierno lo hace también”. Y sino, siempre habrá cupones y tarjetas de Familia. No se les puede pedir que tengan miedo, si no saben ni conocen a qué le deben temer, hasta que les encuentre una bala en la esquina de alguna acera, se les pegue algún STD, se encuentren sin futuro ni trabajo o se vayan con los Panchos en un OD. Ahí entonces serán para sus allegados “los nenes buenos que no tenían problemas con nadie y eran bien tranquilos”, como recitan siempre tras la muerte de alguno de estos indomables jóvenes en vida.
Mientras, quienes que padecemos del shock porque lo entendemos y lo vivimos lo que queremos es huir, y nos duelen los huesos en una desesperanza colectiva por lo “jodío que estamos” y lo “mala que están las cosas”.Hay quienes se resignan, producto del shock, a que éste es el Puerto Rico que nos tocó vivir y no se puede hacer más. Y claro, están los que se les “olvidan” los cantazos del shock cuando les regalan una nevera o les ponen WIFI gratis  antes de unas elecciones.
Lo que estamos viviendo no se debe tomar liviano. Los países que vivieron la Doctrina del Shock en todas sus facetas experimentaron la tortura, las desapariciones, y los asesinatos en masa. ¿No tuvimos un mini taste a lo bocadillo de party de marquesina con la huelga de la universidad? ¿Acaso el incidente del Capitolio donde rodaron personas por las escalinatas, lagrimearon ojos y sangraron heridas no es como un preview de lo que podría pasar?
Quisiera pensar que es producto del mismo estado de shock en el que nos encontramos, pero no podemos vivir pensando que “eso no nos va a pasar a nosotros”. ¿Qué lo impide? Porque realmente no hemos demostrado ser mucho más diferente a estas otras dictaduras que ya marcaron la Doctrina del Shock en su check list de historia.
¡Ojo al pillo boricua! A sacudirse del shock y a enfrentar el miedo porque sino, no habrá recoveco en estos 100x35 que se salve de lo que aparenta estar en nuestro panorama si seguimos como vamos.

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